Prueba intelectual de la existencia del amor

“En el origen había tres sexos, representados por tres seres – llamémoslos así – dobles. Uno andrógino, compuesto de mitad hombre y mitad mujer; otro masculino, compuesto de dos hombres ligados; y otro femenino, compuesto de dos mujeres ligadas.  Y los seres, entonces, tenían dos cabezas, cuatro piernas, cuatro brazos, etc. Pero los seres que así estaban unidos eran demasiado poderosos y soberbios, y llegaron a concebir la idea de producir un asalto a los dioses para sustituirlos, pero los dioses se pusieron celosos y, entonces, produjeron la separación. Zeus decidió que esos individuos tan completos, tan impertinentes y tan peligrosos por su fuerza, debían ser divididos, y entonces produjo un corte, a raíz del cual quedó una huella, una cicatriz, que es el ombligo, y que Zeus decidió dejar como marca a los seres divididos para que recordaran la cosa”.

(Zuleta, 2008: 124,125)

Los mitos Griegos han trascendido la historia, se han conservado porque tienen la característica de poder explicar con imágenes o metáforas, algunos misterios de la humanidad: el origen, la reencarnación, el conocimiento, la guerra, el amor…entre otros. En consecuencia, dichas historias deambulan hasta que nuestro lenguaje cotidiano, coloquial, no puede expresar algo complejo; el símbolo acude como la mejor ejemplificación de una realidad profunda.

La relación entre amor y conocimiento se remonta a Platón, y es uno de sus postulados más brillantes y hermosos que hizo este gran pensador.

Como ustedes saben, la vida cultural en la Grecia antigua era agitada, activa, y en esa medida productiva, es decir, los conocimientos que se elaboraban circulaban con el fin de instruir, de incentivar permanentemente el pensamiento, la reflexión y la participación ciudadana.

Una de las ideas que se gestó en la época socrática fue la idea del conocimiento, ¿Por qué conocer? ¿Para qué conocer?

La primera aproximación que podemos hacer es tener presentes que toda necesidad se origina a partir de una carencia; por ejemplo, vamos al supermercado cuando no tenemos comida o nos falta algún implemento de aseo; aprendemos a manejar un computador porque necesitamos escribir trabajos académicos o es el medio más fácil para comunicarnos con alguien; aprendemos cultura general porque es un tema que circula en nuestra cotidianidad de manera espontánea y necesitamos participar de la conversación. Como pueden ver, en los tres ejemplos partimos de una necesidad: fisiológica, práctica e intelectual (piensen ustedes en sus propios ejemplos, así es más fácil comprender algo).

Los seres humanos vivimos en una constante necesidad de trascender el reino animal, es decir, no sólo nos importa satisfacer las necesidades fisiológicas o las prácticas, sino que nuestra búsqueda siempre es intelectual, desde que comenzamos a desarrollar el lenguaje y accedemos al conocimiento desde temprana edad, nos interesa algo (Física, Idiomas, Literatura, Religión, Geografía, entre otros), con algún campo del saber nos identificamos y en él buscamos o encontramos algunas respuestas que para nosotros son vitales.

Como en el mito del amor, la necesidad de conocer parte de una carencia, de una necesidad de completarse, de llenar el vacío; conocer, aprender, nos hace sentir de diversas maneras, despierta emociones, ideas, sueños, incluso a veces cuando descubrimos algo, nos quita el sueño. ¿Será muy diferente a cuando nos enamoramos de alguien? por ejemplo, cuando alguien descubre un tema que le apasiona o una nueva manera de jugar un videojuego, se dice coloquialmente “está engomado” “se volvió aficionado” “vive pegado de eso” para referirse a que es algo que le gusta mucho, que disfruta hacerlo, que lo apasiona; de igual manera, cuando se está enamorado de alguien uno “se engoma” “se aficiona” “no se despega”. La relación entre amor y conocimiento que se planteó desde la Grecia Antigua nos permite entender que cotidianamente vivimos en el ejercicio de la filosofía: amor a la sabiduría.

 

Este concepto tan manoseado y vulgarizado, ha generado un poco de confusión porque se ha interpretado como amor a la filosofía que las personas que conozcan los planteamientos de Kant, la dialéctica de Hegel, o hagan disquisiciones sobre los aforismos de Nietzsche, son los que aman el conocimiento, nada más errado, son los que se dedican a conocer a los filósofos. Por el contrario, el amor a la sabiduría, que traduce el concepto de filosofía, nos permite conectar el amor y el conocimiento, en la medida en que completa lo que nos falta, no es necesario un tipo de saber específico; de igual manera, tanto el amor como el conocimiento son un ejercicio que en la práctica se va perfeccionando. Por ejemplo, cuando hablamos de amor en el sentido de una relación con otro ser, no basta encontrarlo, sino que anhelamos conocerlo en sus múltiples aspectos o facetas; de igual manera, cuando estudiamos un tema.

Si pensamos el mito con el que iniciamos este escrito en relación con el conocimiento, podríamos preguntarnos si ¿Todo aquel que desea conocer, en el fondo desea enamorarse?

Todo esto me lleva a pensar que las personas que afirman que el amor no existe, están equivocadas o no son concretas en su conclusión.

 

Bibliografía:

Zuleta Estanislao. (2008) Lógica y crítica. Medellín: Hombre nuevo editores.

Una respuesta a “Prueba intelectual de la existencia del amor

  1. Hace largo tiempo, recuerdo que en el colegio tenía una profesora que en nuestro lenguaje normal le decíamos que era todo un fastidio y una mala persona, porque siempre nos devolvía los trabajos o nos ponía baja nota, ella dictaba español, puedo decir que gracias a ella tenía un lenguaje bastante amplio por la cantidad de libros que la señora requería; en un tiempo me di cuenta del bien que me hizo ya que, esto me ayudo a adquirir habilidad para realizar cualquier escrito, lastimosamente, cuando uno comienza a crecer se encuentra con una serie de actividades que no dejan mucho tiempo para escribir o leer, y esto conlleva a que se duerma esa escritura y todas las habilidades que tenías, ahora cuesta más realizar un escrito al igual que la lectura. Puedo decir a mi favor que comenzando a estudiar de nuevo he logrado afianzar un poco mi costumbre, pero la meta es llegar a ser mejor que cuando estaba con dicha profesora a la cual recuerdo hoy en día con gratitud.

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s