Muchas de las personas que se quejan de ser adultas, de haber dejado atrás la niñez o la adolescencia, lo hacen porque con el paso del tiempo comienzan a llegar las obligaciones, los compromisos, las responsabilidades, que conllevan a un cambio de actitud frente a la vida: el tiempo se vuelve vital, el dinero se desea más; por otra parte se impone el medidor social: el matrimonio, los hijos, el trabajo, las propiedades, y un largo etcétera, que confunde a las personas, ya que no se sabe si anhelan ello, por cumplir con la convención o si realmente, lo sueñan.

Independientemente de esto, pareciera que tenemos que vivir de una determinada manera; en caso de no hacer eso estaríamos a contra corriente y por supuesto en el “ojo social”. De allí que las expresiones “Por qué no me quedé chiquito” “Todo tiempo pasado fue mejor” “Desafortunadamente ya no estamos en el colegio”, no sé cuál de las tres es la peor.

Las tres frases encierran, en esencia, lo mismo: detener el tiempo en un momento en el que las preocupaciones eran otras, los sufrimientos o amarguras distintas, como también las alegrías. Con lo que la misma vida demuestra, que el tiempo pasado no fue mejor, fue distinto. Me pregunto, ¿a alguien le gustaría volver a vivir el castigo de los padres? O ¿hacer las tareas absurdas que dejaban en el colegio? ¿Sufrir con la ausencia de la novia porque no la dejaron salir? No doy ejemplos con las alegrías porque creo que todos las volveríamos a vivir. En esta misma linea, no comprendo la necesidad de convertir el pasado en un paraíso, ya que el dolor, el miedo o el sufrimiento que experimentamos en la niñez o en la adolescencia, es infinito, profundo, que en la mayoría de los casos determinan nuestra vida y además no podemos superar, así pase el tiempo.

camus

Albert Camus (1913-1960)

Para matizar más el tema, Camus en su libro “el mito de sísifo” reflexiona sobre el absurdo. Es un concepto clave porque surge del choque de las diversas realidades que el ser humano experimenta: lo que desea hacer con su vida y lo que se encuentra en la realidad, dicho de otra manera, la pelea entre el querer y el deber. Eso es lo que él denomina como el sentimiento de lo absurdo. En esa línea, pienso que nuestro sentimiento trágico es inevitable por la sencilla razón de no poder detener el tiempo y en ese sentido estar sumergidos obligatoriamente en el devenir de la vida; claro que, una cosa es lo que nos encontramos en ese devenir o contexto social donde vivimos y otra es la posición que asumimos, que queremos vivir.

No comparto la idea de aislarse, de convertirse en un hermitaño, porque creo que es una visión limitada, es decir, sin un contexto con el cual entrar en conflicto, sin el cual cuestionar o exponer puntos de vista, es una vida encerrada en un dogmatismo, tal vez convertir nuestra vida en un templo al que le rezamos sin ningún reproche.

Por el contrario, la vida que se expone constantemente entre el deber y el querer, es la que nos hace entrar en conflicto, en angustia, y en esa medida, nos permite afirmar o estructurar de diversas maneras lo que queremos hacer. El problema de esta constante exposición, es que muchos dejan que lo que consideran algunos como normal se imponga y se convierta en “modelo” a seguir: creer en Dios y practicar todo lo que su religión enseña, estudiar para ser productivo económicamente, casarse y tener hijos, adquirir la tecnología del momento; por ejemplo, he conocido muchos casos de parejas que se casan una vez la mujer queda en estado de embarazo porque sino “la gente dirá que es un bastardo y además que pena” o de personas que cambian de celular porque el que tienen no les da status social. En ambos casos, tan comunes, el punto es el mismo: el afuera determina una manera de vivir que no necesariamente está ligada con la subjetividad, con lo que uno mismo cree y quiere.

La verdad no sé a qué se deba esa actitud, ¿Falta de carácter? ¿Falta de voluntad?

Me pregunto ¿Por qué queremos asumir estilos de vida impuestos? ¿Por qué querer resolver esto, idolatrando otras épocas? ¿Qué nos obliga a ello? ¿Por qué convertir el pasado en un paraíso, como el comodín para afrontar el presente? Como dice una amiga: ¿Qué necesidad?

Nuestro combate es afirmar nuestra propia existencia al lado de las imposturas, no por encima porque sería la batalla ganada de antemano; por el contrario, estar en ese medio es lo que nos fortalece y pone a prueba nuestras convicciones, haciéndolas más sólidas, más auténticas, o nos impulsan a reestructurarlas para combatir de una nueva manera.

12 Comment on “Combate y existencia

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