Soledad en la historia

Soledad Acosta de Samper

1833 – 1913

El pasado 30 y 31 de octubre de 2013, se celebró en la Universidad de los Andes, la Biblioteca Nacional y en el Instituto Caro y Cuervo, el simposio internacional Soledad Acosta de Samper (1833 -1913) homenaje que conmemoró los 100 años de su muerte.

Participé en el simposio como asistente, pues la obra de esta escritora no la conocía; de hecho mi inscripción en el evento fue precisamente para quitarle el velo a mi curiosidad.

Soledad Acosta de Samper ha sido leída por una inmensa minoría y la historia de Colombia no le ha dado un lugar destacado, el cual se merece por todo el aporte cultural que hizo al país. Ha sido una de las escritoras más prolíficas que hemos tenido: novelas, ensayos, cuentos, crónicas, fundadora y directora de varios periódicos, entre otros. Cabe anotar que, aunque estuvo a la par con uno de los grandes escritores de nuestro país, Jorge Isaacs, ha predominado la figura del autor de “María”, opacando de alguna manera la existencia de nuestra reseñada.

Afortunadamente el día que asistí al simposio en las afueras del aula, me encontré con varias obras de Soledad Acosta de Samper. Pude comprar un libro que recopila tres de sus novelas Laura (1870) Constancia (1871) y Una venganza (1870). Para demostrar lo que he dicho anteriormente sobre la indiferencia histórica que ha tenido nuestro país con la obra de esta escritora, valga de ejemplo que por primera vez se editan en forma de libro; las personas que leyeron en su momento las novelas fue por entregas en diversos periódicos del momento, en el formato que se conocía como folletín. Así que es un privilegio poder leer estas obras.

LIBRO AL VIENTO Soledad Acosta

Para esta ocasión sólo me referiré a la primera novela.

Laura

Una de las constantes en la literatura del siglo XIX fue las novelas con un nombre de mujer, recordemos algunas: “Cecilia Valdés” del escritor cubano Cirilio Villaverde; “Clemencia” del mexicano Manuel Altamirano; “María” del colombiano Jorge Isaacs; “Manuela” del colombiano José Eugenio Díaz. Con estos nombres se configuró una poética y una concepción de la mujer, que determinaba una postura frente a la construcción de las naciones; dicho de otra manera, más allá de las corrientes literarias como el romanticismo o el costumbrismo, se cifraba un mensaje político y social enmarcado en la situación de las mujeres.

“Laura” es un caso excepcional. La historia no es novedosa en su trama: una mujer adinerada, de buenas costumbres, católica, conoce en un baile a un francés, se enamora perdidamente de él; éste quiere aprovecharse de su fortuna y además la engaña con otra mujer.

Soledad Acosta muestra a una mujer con mucha sensibilidad, con una tendencia al amor, de la cual puede depender su vida. Lo que me impactó (les recuerdo que esto se escribió hace dos siglos) es que no vemos a una mujer frágil, dependiente, sumisa, resignada, por el contrario, es una mujer fuerte, que mantiene la compostura, que percibe en el amor su máxima realización pero ello no hace que dependa del esposo, ni que se someta a sus infidelidades o abusos.

Para mi no deja de ser excepcional porque una escritora que estaba pensando en 1870 algo que sólo hasta el día de hoy está sucediendo (en algunos casos) no deja de sorprenderme. Dicho de otra manera, la forma como la autora construye su personaje femenino, pone de manifiesto que la sensibilidad de una mujer es infinita, es casi una conexión con lo divino porque es el goce pleno de la existencia, no como la resolución absoluta de los conflictos o la vida en el paraíso prometido, sino como algo que dignifica y honra la existencia.

Laura es ese personaje que encarna el arquetipo de la mujer que va depurando Soledad Acosta en el siglo XIX; a pesar de amar a su esposo, no le permite que se burle de ella, no le permite que le falte al respeto; la convicción de Laura es tan grande que no se separa únicamente porque le juró a Dios que estaría con ese hombre hasta el final de sus días. La mujer cumple su palabra, cree en el amor, cree en lo perdurable, cree en la familia, pero puede rechazar todo aquello que desprestigie sus posturas o sus creencias.

Por estas razones es que Laura, nunca deja de vivir su vida, continúa haciendo lo que le gusta, continúa dando la cara a la sociedad a pesar de incumplir con dichas normas sociales que imponen sumisión y obediencia con el esposo. El sufrimiento lo lleva por dentro.

Sólo espero que esta luz que viene del siglo XIX sea tenida en cuenta por los lectores que aún no conocen a esta escritora; aunque suene a cliché estaba adelantada a su tiempo.

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