Más acá de la metafísica

carnaval

Panorámica del desfile de comparsas 3 de enero.

Comencé el año 2014 con una alegría que primero se manifestó como incomodidad, como una sensación de ridículo.

Cuando estaba en la universidad, estudiando literatura, había un concepto que se repetía constantemente en casi todos los cursos “Carnaval” o “Carnavalización” que propuso uno de los críticos literarios más respetados, Mijaíl Bajtín. Pronunciar dicho concepto para hablar de una obra literaria, representaba status, un aire intelectual, que absurdamente inspiraba respeto o algún suspiro poético.

Lo estudié no para impresionar sino porque en algunos momentos, las ideas de este crítico servían para mejorar las calificaciones, así las cosas, cuatro años después apenas vuelvo a escribir su nombre.

La idea principal de la “Carnavalización” era que definía la forma en la que un escritor jugaba con situaciones o ideas que representaban el statu quo, es decir, la burla que hacían de lo solemne, de lo sacro; una manera de romper los esquemas sociales, de ser transgresores o contestatarios. Por ejemplo, en la novela de Rojas Herazo “En noviembre llega el arzobispo” toda la historia gira alrededor de un pueblo que espera con ansiedad al representante de la orden episcopal, es un pueblo cuya esperanza de salvación, de futuro, lo depositan en la religión católica. Los lectores esperamos más de trescientas páginas para que al final, la espera se resuelva en pocas páginas, en las que priman los gritos de un borracho y las ventosidades del arzobispo.

Mi sensación de ridículo se debía a que yo había hablado alguna vez de “Carnaval” en la literatura y nunca había estado en uno, a pesar que en mi país no somos ajenos a ellos.

II

En enero de este año estuve en el “Carnaval de negros y blancos” en la ciudad de Pasto (Colombia – departamento del Nariño) sin exagerar, ha sido una de las experiencias literarias más lindas que he tenido en mi vida. La iniciativa de ir nunca fue mía; la debo a mi esposa y a mis amigos que querían compartirme esta fiesta como algo que sellaría profundamente nuestros lazos…y va uno a ver…y si.

Primero que todo, el paisaje que se divisa es precioso, las montañas atravesadas por los ríos me hicieron sentir como si estuviera en otro país; tal vez por vivir inmerso en la ciudad, olvidé la belleza de la naturaleza.

Segundo, el concepto que aprendí en la universidad nunca me enseñó realmente las implicaciones del carnaval; el juego tiene límites, tiene sus momentos y espacios. Por ejemplo, cuando hay contacto físico es para untar al otro de cosmético, no para agredirlo físicamente. Las “peleas” dentro del carnaval se hacen con espuma, talco y cosmético, es decir, nunca hay heridos, dolor ni sufrimiento. Siguiendo con esta idea, los sitios de comida se deben respetar, en ninguno de ellos se sabotea la comida o el lugar. No obstante, los sitios de rumba son propicios para continuar el juego

Todo esto indica algo muy importante: el carnaval no es anarquía, sino que como todo juego tiene reglas que debemos cumplir para poder participar. Dicho de otra manera, a pesar de la euforia, el alcohol y la alegría, curiosamente el respeto, la tolerancia y el compartir en paz, son los valores que acompañan toda la fiesta. Ello me hizo sentir mucho más cómodo que en un salón de clase.

Mientras la gente me tiraba carioca o talco, me preguntaba si alguno de los que hablaban de “Carnaval”, dentro de los salones de clase, sabrían realmente lo que significaba la palabra, dicho de otra manera, si lo habían vivido o si la vivían como aquellos filósofos clásicos que se encerraron en la metafísica.

En tiempos de carnaval, la calle es el escenario por excelencia del juego, las personas que salen deben estar dispuestas a participar de la fiesta, es decir, a que les arrojen espuma o talco, si se disgusta el dicho popular es: “Pa´que sale”. Incluso, la policía no se salva, a pesar de portar el uniforme son tratados, dentro del juego, como civiles.

La verdad es que la descripción que yo haga del carnaval se queda corta; recuerdo cuando me hablaban de este evento y yo sentía fastidio e incomodidad al saber que me arrojarían todo lo que he mencionado. Sin embargo, vivirlo es descubrir que en nuestro país hay cosas bonitas, que podemos convivir con el alcohol sin hacernos daño, que en medio de todo esto florece la creatividad humana; la vemos en todos los desfiles, en las carrozas, en los bailes, en los disfraces, en las arengas, que nuestro folclor nos recuerda de donde somos, tal vez nunca lo tenemos presente pero basta una simple melodía que nos hace sentir parte importante de algo lindo.

Soy pesimista, pero una fiesta de estas me hace sentir que hay esperanza.   

Nota turística:

Recomiendo ir a un restaurante llamado “el chaparral” y pedir un combo crunch de hamburguesa.

Visitar “Mister pollo” y pedir un consomé de pollo desmechado o unas crispetas de pollo.

En la laguna de la “Cocha” visitar un restaurante que se llama “la casita encantada” y pedir una trucha al ajillo con camarones.

Para tomar café “Cafeto”.

Aclaración:

Ninguno de los anteriores lugares, sus dueños hacen parte de mi familia, amigos o me están pagando, simplemente vale la pena visitarlos.

 

2 Respuestas a “Más acá de la metafísica

  1. Pocas veces he leido algo tan sensillo escrito a partir de un fenomeno tan profundo. Los misterios del Carnaval de Pasto, continuan descubriendose. Pero hay mas…montañas de misterios aún ocultos este: vida-carnaval de Negros y Blancos pastuso.

    • Hola Jaime. Los misterios continúan…por eso hay que volver. Gracias por el aporte, espero que sigas compartiendo tus reflexiones.

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