Recordando a Zuleta

Uno de los grandes pensadores que descubrí en la universidad fue Estanislao Zuleta.

zuleta

Foto vía internet

Inicié en el mundo de sus ideas, como muchos otros lo han hecho, leyendo su ensayo más conocido “Elogio de la dificultad”. Me cautivó tanto que desde entonces he ido leyendo y releyendo gran parte de su obra. Sus ideas son sencillas, tal vez por eso vuelvo a él, o mejor hace de los temas más complejos algo que se puede disfrutar.

Yo creería que a Zuleta le debo, como a Sartre, Nietzsche y Camus, el haberme apartado del lenguaje filosófico, del esquemático de los empiristas, de Hegel, de Kant, aunque son fundamentales en la construcción del pensamiento occidental, siempre tuve problemas con la forma en la que exponen sus ideas, no sentía placer al leerlos. Desde entonces me inclinaba más por la reflexión literaria, la que estaba desprovista de sistema, que encontraba en las novelas de Sartre, los aforismos de Nietzsche, los ensayos de Camus y por supuesto en las conferencias que transcribieron los discípulos de Zuleta.

Aunque este pensador colombiano trató temas diversos que van desde escritores como Thomas Mann, De Geiff, Cervantes, pasando por análisis de la historia de Colombia, la educación, el psicoanálisis, el marxismo, el arte, la filosofía griega, y un largo etcétera, su reflexión siempre se encaminó hacia el mismo punto: el humanismo.

Todos los temas que trabajó los conectaba con nuestro contexto, con el fin de enseñarnos posibilidades que nos permitirían ser mejores, convivir mejor; su eclecticismo siempre fundamentó un ideal de ser humano, esto es, el que permanentemente vive en conflicto consigo mismo, con la sociedad, con su estilo de vida, con su destino, pero que a su vez lucha por superarse, que se construye con la autocrítica y la mirada de los demás.

Con todo lo anterior, leer a Zuleta es encontrarse con una filosofía de la inclusión, es decir, la que busca preguntas y respuestas en todos los ámbitos del saber; al nombrar la inclusión estamos develando una de sus herramientas fundamentales: el diálogo.

Esta palabra está desgastada, tanto en comerciales de televisión como en la radio, la emplean como una especie de marketing de la familia feliz, como aquella varita mágica que todo lo soluciona. Pareciera que lo que llaman diálogo fuera una estratificación el saber, es decir, en el que alguien habla y el otro escucha y asiente; con ello la solución es la unilateralidad, nada distinto al “diálogo” que propone la iglesia frente a las parejas del mismo sexo.

El sentido que aquí se emplea difiere de dicha concepción: el diálogo presupone un conflicto, una inquietud, una discordancia, que no necesariamente puede alcanzar la solución, en el sentido de verdad absoluta. El ejercicio permanente del diálogo y la inclusión hacen necesario debatirse en medio de verdades parciales.

En consecuencia, es mucho más importante la búsqueda de ideas, de argumentos, que permitan vincular a las personas, que contribuyan a modificar comportamientos, más que tener la verdad última de las cosas. Dicho de otra manera, la búsqueda del conocimiento o el conocimiento mismo, deben ser una herramienta que conduzcan al humanismo, a la integración de las diferencias, en el que el deber y el querer se puedan equilibrar; en últimas, todo el ejercicio zuletiano conlleva al respeto por la vida.

Estanislao Zuleta murió hace 24 años y me pareció muy importante recordarlo porque las ideas que trabajó deben perdurar: su reflexión en torno a la máxima kantiana de “pensar por si mismo”, el rescate del diálogo reflejado en los diálogos de Platón, el empleo de la lógica como base de la comunicación y la argumentación; todas estas ideas me hacen sentir parte de un enaltecimiento de la vida, de las capacidades del ser humano; después de leer a Zuleta siempre quedo con la misma sensación: La única esperanza es que esto algún día podría cambiar.

¿Cambiar que? que las personas respetemos la vida de los demás, que pensemos por si mismos, es decir, más allá de las opiniones, los chismes y los medios de comunicación, que no haya una única forma de vida que estipule la sociedad, que podamos ejercer nuestra libertad sin agredir ni ser censurados por nadie. Podría quedarme enumerando más, pero ya sería una ofensa contra nuestro pensador, lo estaría sistematizando.

Por último: recuerdo que en la universidad un profesor lo censuraba, básicamente por dos motivos: dipsómano y autodidacta. El segundo mucho más que el primero, ya que para pensar se necesita el rigor de la academia y un lenguaje propio de la filosofía, no interpretaciones de un borracho aficionado. Nunca supe en qué concepto tenía a los griegos, ya que la academia era la calle y el lenguaje que empleaban estaba “infestado” de metáforas.

Personalmente recomiendo estas obras:

  • Lógica y crítica.
  • Thomas Mann, la montaña mágica y la llanura prosaica.
  • El pensamiento psicoanalítico.
  • Educación y democracia.

6 Respuestas a “Recordando a Zuleta

  1. que bien, saber que aun se piensa por fuera de lo institucional y que se entiende la importancia de esta practica sin subestimar los procesos académicos pero que definitivamente hace falta la espontaneidad de la creación y de la imaginación.

    • Hola Andrés. La academia tiene un papel muy importante: nos da algunas pautas, algunos autores, que contribuyen a nuestra formación. Sin embargo, es un error pensar que lo que está por fuera de ella, no es igual de importante. Gracias por tu comentario.

  2. Muy buen artículo Daniel, es muy usual que en las universidades se denominen a genios como Estanislao, Fernando González, Gonzalo Arango, Fernando Vallejo; entre otros, como borrachos aficionados que hablan en perorata. La academia ha caído en un lenguaje artificioso, árido y marañoso que en lugar de aclarar conceptos obnubila al lector con una borrasca de palabrerías técnicas . La academia se ha engolado, sin menospreciar el papel que cumple la academia. La academia debe rehumanizarse y facilitar la integración de las diferencias.

    • Gracias Juan. Debemos abrir la posibilidad de comunicarnos más allá de los tecnicismos o el lenguaje académico que a veces nos intentan imponer. Los autores que mencionas son un buen ejemplo de esa apertura.

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