Crónica de una muerte anunciada

ALVARO-MUTIS-Y-GARCIA-MARQUEZ-1

Foto vía internet – Gabo con Álvaro Mutis

“Se trataría nada menos que de una de las investigaciones más importantes, más curiosas y más necesarias, y probablemente mucho más allá de las posibilidades de un escritor, el ver por que entre los hombres y las sociedades vive y se descarga la violencia.”[1]

Santiago Nasár se hizo famoso más por su muerte que por lo que hizo en vida. El narrador de la novela se encarga que el tema central, gire en torno al asesinato de este personaje.

García Márquez reelaboró la novela de la Violencia en Colombia, la que habíamos leído en el cristo de espaldas, viento seco, el día del odio, la calle 10, entre otras, y plasmó otro tipo de violencia que no estaba ligada a los partidos políticos, trascendió dicha temática mostrándola más cercana, más silenciosa, sin ser menos macabra. Esa Violencia que se reflejó tras el asesinato de Gaitán, permeó la literatura y potenció a los escritores a reflejar la realidad, el rumbo que estaba tomando el país bajo las ideologías imperantes.

Crónica de una muerte anunciada ya no habla de ningún rumbo, ni hace explícitas las ideologías, habla de la violencia enquistada, de las herencias partidistas, de la metástasis social.

Es posible que como lectores de esta obra, nos hagamos interrogantes ¿Qué es lo que ocurre?”, ¿Por qué somos así? la violencia que percibimos en esta obra, es aquella que se forja dentro de una familia; en este caso como reacción a una deshonra o a la violación de algo íntimo, como lo es la virginidad de Angela Vicario.

La familia Vicario ha cambiado la relación con su contexto cuando ha sido cuestionada públicamente la pureza de Ángela; los Vicario en su afán por recuperar la dignidad, el respeto y su tranquilidad, ven el asesinato como la única manera de conseguirlo.

La lección que nos enseñó la época de la Violencia es que el crimen está justificado si se hace en nombre de una creencia o de un sentimiento, ello supera cualquier concepción moral y religiosa que se tiene de la vida.

Sino ¿Cómo se explicaría que los Vicario hayan hecho público el crimen que iban a cometer? Dentro de esta lógica, si el pueblo se entera, la familia recupera el respeto que tenía o incluso sería más respetada que antes.

Es claro que los Vicario no pertenecen a ningún bando criminal, pero en Colombia es común que ante una ofensa, la primera reacción sea la venganza o la retaliación: la mayoría de las veces con el asesinato. Desde esta perspectiva, los hermanos Vicario reflejarían “la justicia ilegal” de  nuestro país, acompañada de la complicidad del pueblo.

Sin embargo, García Márquez se desliga de su postura política, de sus creencias y logra darnos una sensación de objetividad; la manera en que lo hace es desde la posición en la que se encuentra el narrador, es decir, sabe la historia, lo que ocurrió, tiene registro de la opinión de la gente del pueblo, fue cercano de las personas implicadas en el momento en que ocurrieron los hechos o posteriormente tuvo contacto con algunas, para recoger y completar su testimonio, en otras palabras, la función del narrador es la de contar una historia que ya ocurrió; él se encargará de darle un orden.

Es importante tener esto en cuenta porque ello le permite al narrador dar saltos en el tiempo, ejemplo de ello es que desde el primer capítulo sabemos el tema central de la novela y lo que ocurrió, el narrador comienza por el final de la historia y lo que se propone hacer posteriormente, es contar todo lo que antecedió dicho acontecimiento: ¿Quién fue Santiago Nasar?, ¿Por qué lo mataron?, ¿Quiénes lo mataron?, ¿Dónde transcurrió la historia?, ¿Cómo era el pueblo?, ¿Qué opinan las personas del pueblo sobre lo sucedido? Son algunas de las preguntas que el narrador va respondiendo a los lectores.

En esta misma línea, desde las páginas iniciales el narrador nos sumerge en la atmósfera del pueblo y en la posición que tiene dentro de la historia, en la que se permite avanzar y retroceder: “Victoria Guzmán, por su parte, fue terminante en la respuesta de que ni ella ni su hija sabían que a Santiago Nasar lo estaban esperando para matarlo. Pero en el curso de sus años admitió que ambas lo sabían cuando él entró en la cocina a tomar el café. Se lo había dicho una mujer que pasó después de las cinco a pedir un poco de leche por caridad, y les reveló además los motivos y el lugar donde lo estaban esperando. “No lo previne porque pensé que eran habladas de borracho” me dijo. No obstante, Divina Flor me confesó en una visita posterior, cuando ya su madre había muerto, que ésta no le había dicho nada a Santiago Nasar porque en el fondo de su alma quería que lo mataran.” [2]

El narrador va introduciendo todo los elementos que finalmente nos dan una idea de cómo es el ambiente en dicho pueblo. Tiene un clima caluroso, es creyente y espera con mucho fervor la llegada del obispo, los gallinazos merodean sobre los desperdicios que se dejan a orillas del puerto, las aguas del puerto expelen un olor pestilente, la boda de Ángela Vicario deja el pueblo sumido en un desorden lleno de botellas y desperdicios, los refranes o dichos populares, los cuchillos, la matanza de animales… Nos van dando la imagen de un pueblo muy tradicional, de costumbres muy arraigadas, que incluso por su manera de ser, permiten un asesinato en el que todos saben y nadie interviene.

La pregunta siempre está latente a lo largo de las páginas ¿Por qué dejan matar a Santiago?

El pueblo que nos muestra el cronista se convierte en cómplice del crimen, en la medida en que no hace nada para evitarlo; sólo sabemos que unas personas no identificadas, Cristo Bedoya y Yamil Shaium, intentaron hacer algo al respecto pero fue fallido, la suerte estaba echada. Inclusive en las actitudes en las que pretenden ayudar a Santiago, se corresponden con las maneras en las que el pueblo está conformado, desde sus maneras particulares de comportarse, por ejemplo, el primero lo hace discretamente, con miedo, deja una carta debajo de la puerta de los Nasar avisando de lo que se está planeando en contra de Santiago; tanto Cristo como Yamil, piensan en defenderlo pero desde la violencia misma, la solución para ambos es la de armarse, definitivamente alguien debe morir.

En la dinámica del pueblo pareciera entretejerse una memoria macabra, un aprendizaje de la historia cuando nos conviene, el miedo y la indiferencia se dan porque “lo que sucede no es conmigo”, por ello no hay cuestionamiento moral, no hay reflexión sobre lo que vendrá, la ley y el orden (iglesia, policía, gobierno) están presentes sin modificar nada, no entran en la acción. Los códigos implícitos son más reales y más sagrados, que los que estipula la ley.

Dados estos códigos, el narrador que también hace parte de la historia, los narra acorde al contexto, a veces parece una columna de prensa amarillista: “Tratando de acabar para siempre, Pedro Vicario le buscó el corazón, pero se lo buscó casi en la axila, donde lo tienen los cerdos. En realidad Santiago Nasar no caía porque ellos mismos lo estaban sosteniendo a cuchilladas contra la puerta. Desesperado, Pablo Vicario le dio un tajo horizontal en el vientre, y los intestinos completos afloraron con una explosión. Pedro Vicario iba a hacer lo mismo, pero el pulso se le torció de horror, y le dio un tajo extraviado en el muslo. Santiago Nasar permaneció todavía un instante apoyado contra la puerta, hasta que vio sus propias vísceras al sol, limpias y azules, y cayó de rodillas.”[3]

En toda la historia el narrador cuenta muy de cerca los hechos sangrientos o lo cruda que es la atmósfera; lo hace con un lenguaje directo, descriptivo, no utiliza eufemismos para contar la realidad. Así las cosas, en el último capítulo del libro, nos cuenta que todo el pueblo fue a la plaza para ver cómo mataban a Santiago, como si fuera una película de cine o un espectáculo que no se deben perder, como si fuera un plan para de fin de semana.

El acto criminal de los Vicario reflejan la esencia del comportamiento y la manera en que las personas del pueblo se relacionan entre si.

De lo expuesto se desprende otra problemática. El papel de la verdad.

Los gemelos Vicario dijeron siempre la verdad pero nadie les creyó. Es un contexto en el que la palabra no es una herramienta para comunicarse, no está relacionada con la confianza, con el respeto. Las palabras no se relacionan directamente con los actos, es decir, es posible no ser consecuente con lo que se dice, además de ello más importante que el efecto de las palabras son los supuestos; dos ejemplos nos pueden ilustrar: “Muchos de los que estaban en el puerto sabían que a Santiago Nasar lo iban a matar. Don Lázaro Aponte, coronel de academia en uso de buen retiro y alcalde municipal desde hacía once años, le hizo un saludo con los dedos. “yo tenía mis razones muy reales para creer que ya no corría ningún peligro”, me dijo. El padre Carmen Amador tampoco se preocupó “cuando lo vi sano y salvo pensé que todo había sido un infundio”, me dijo. Nadie se preguntó siquiera si  Santiago Nasar estaba prevenido, porque a todos les pareció imposible  que no lo estuviera.”[4]

¿Por qué el alcalde tenía razones para creer que no lo matarían? ¿Por qué el padre no hace nada al respecto? Las autoridades se unen en la complicidad silenciosa del pueblo. En consecuencia, una de las ideas que deja entre líneas la novela es que no habitamos un país sin memoria, todo lo contrario, es un país que aprendió de la historia la manera de no avanzar.

Epílogo:

Hoy que Gabriel García Márquez no está, sería interesante leer sus novelas como si las acabara de publicar.

Referencias Bibliográficas

[1] Rama, Ángel. La narrativa de Gabriel García Márquez. Edificación de un arte nacional y popular. Conferencias dictadas en la universidad de Veracruz. México 1972. 1° edición en libro: 1991. Colcultura  P. 85.

[2] Márquez García, Gabriel. Crónica de una muerte anunciada. Bogotá: Editorial La Oveja Negra, 1981, P. 21.

[3] Márquez García, Gabriel. Crónica de una muerte anunciada. Op Cit. P. 154.

[4] Márquez García, Gabriel. Crónica de una muerte anunciada. Op Cit. P. 30.

 

El plus de esta entrada es un audio de García Márquez Aquí

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