Reincidentes

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Tal vez me demoré mucho para escribir esto. O tal vez aún no he asimilado el impacto que me causó esta banda de punk.

Debo a Reincidentes gran parte de mi conciencia frente al mundo. Su música, sus letras, me enseñaron que los adultos también se equivocaban, que la educación no era la verdad absoluta, que la religión era una opción a la que podíamos libremente decir NO, que la vida era un combate permanente por no dejarse aplastar. Que la felicidad estaba en hacer lo que uno quería hacer y ser; no obstante, la complejidad de esto radicaba en que dicha coherencia podía llevarnos a sacrificios o precariedades económicas, lo que directamente nos abocaba a estar por fuera de lo establecido o de lo esperado.

Debo a Reincidentes muchos de los viajes que hice por el país “echando dedo”, sin mucho dinero, pidiendo comida en los pueblos por donde pasaba; el miedo no existía porque el combate frente a los obstáculos, me hacían sentir inmortal.

Particularmente recuerdo un viaje que hice con un amigo, en un camión que nos recogió cerca de “dosquebradas”; la primera impresión que nos causó fue que era uno de esos machos rudos que en el fondo eran homosexuales escondidos; el tipo me tocó una pierna y el ambiente se puso tenso; mi amigo le dio marihuana, según él, para despistarlo y no nos tocara pelear; yo le pasé una botella plástica en la que habíamos mezclado alcohol etílico con gaseosa que habíamos bebido durante todo el viaje. El tipo se dedicó a conducir y nosotros a emborracharnos; tal fue la traba del conductor, que paró en el camino en un montallantas a dormir; mi amigo y yo quedamos a la deriva; dormimos recostados en un muro, cuidándonos las espaldas. En el suelo teníamos una grabadora con pilas en la que sonaba “Reincidentes”.

Al día siguiente, como si nada, continuamos nuestro viaje hasta que llegamos a nuestro destino.

No es una crónica sobre el pasado, es un reconocimiento a algunos artistas que me han inspirado, que movieron mi pensamiento y me ayudaron a construir mis categorías para ver el mundo. Ese tiempo vertiginoso, además de todas las vivencias, me enseñó que los lazos con las personas debían construirse con sinceridad, con pasión y con lealtad. También que no podía irme al extremo del “No futuro”, es decir, exponerme al peligro físico, esa no era la manera de asumir la vida. Eso era más fácil que seguir luchando.

¡Que viva el punk Hijue…!

Reincidentes

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