El camino de Ida

Uno de los grandes cambios que ha tenido la novela a partir del siglo XX, ha sido el diálogo entre varios ámbitos de la cultura dentro de la historia que nos están contando. Algunos ejemplos: La montaña mágica, la náusea, rayuela, 2666, entre otros, hacen de la trama literaria un compendio de saberes que nutren a los personajes,  al  contexto y a las circunstancias en las que se desarrollan. Esto me recuerda a Magris:

“No solo existen las fronteras entre los estados y las naciones, establecidas por los tratados internacionales, es decir, por la fuerza. También la pluma que garabatea diariamente, como dice Svevo, traza, desplaza, disuelve y reconstruye fronteras; es como la lanza de Aquiles, que hiere y sana. La literatura es por si misma una frontera y una expedición a la búsqueda de nuevas fronteras, un desplazamiento y una definición de las mismas. Cada expresión literaria, cada forma, es un umbral, una zona en el límite de innumerables elementos, tensiones y movimientos distintos , un desplazamiento de las fronteras semánticas y de las estructuras sintácticas, un continuo desmontar y volver a montar el mundo, sus marcos y sus imágenes, como en un estudio cinematográfico en el que se reajustarán continuamente las escenas y las perspectivas de la realidad. Todo escritor, lo sepa y lo quiera o no, es un hombre de frontera, se mueve a lo largo de ella; deshace, niega y propone valores y significados, articula y desarticula el sentido del mundo con un movimiento sin tregua que es un continuo deslizamiento de fronteras”. P 67, 68.

La novela de Ricardo Piglia (2013), se inscribe en este tipo de historias. Aunque Renzi, su personaje central, es un académico, estudioso de la obra de Hudson, el contexto en el que vive tiene varios matices culturales que van desde el rock, la literatura, la religión, la política, la historia, hasta el mundo digital. En ese sentido, la novela de Piglia va entrecruzando hechos que el lector debe ir conectando, no se trata de un lector erudito, sino de alguien que percibe las claves para avanzar y disfrutar de la lectura. La novela es entretenida si el lector es indiscreto, si se percata de que cada referencia es una señal que afecta toda la dimensión de la historia.

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foto vía internet

Con este tipo de novelas, la literatura ha intentado sacudirse el rótulo de ser algo ligero, algo que busca entretener o moralizar, es decir, una historia con moraleja. Si bien esta concepción rigió por muchos años, la percepción es hoy distinta. Escritores como Melville o Kafka (por mencionar dos) comenzaron estos cambios en el paradigma de contar una historia. En consecuencia, al ampliarse el espectro literario la complejidad aumenta, ya no solo es la imaginación la herramienta principal de la literatura sino la manera en la que esa imaginación se combina con la investigación y la vida cotidiana.

Para centrarnos un poco en la novela en cuestión: Renzi es un profesor universitario, argentino, es llamado a dictar un curso de literatura en Estados Unidos, allí conoce a Ida Brown, se hacen amantes clandestinos, ella es asesinada; simultáneamente se van conociendo atentados terroristas en contra de algunos intelectuales, por ser asesinatos en serie, despierta el interés tanto de policías como de académicos. Con este resumen mediocre se pueden hacer una idea general de “El camino de Ida”.

El asesino serial es arrestado por la policía: Thomas Munk, delinquió durante veinte años y solo pudieron atraparlo por la traición de su hermano. Este punto me llamó la atención enormemente ya que pareciera una modificación de la historia bíblica de Caín y Abel; en este contexto no es el hermano el que asesina al otro sino quien lo traiciona causándole la muerte, como quien dice un asesinato mucho más civilizado, acorde con nuestros tiempos.

Este tipo de analogías no son nuevas en la literatura, Saramago lo hizo en “El evangelio según Jesucristo” o en “Historia del cerco de Lisboa”; o “El hombre en el castillo” de Philip K. Dick, es decir, tomar un elemento histórico o bíblico e insertar una reinterpretación o una posibilidad que, entre muchas otras, pudo suceder.

Imposibilidad de certeza

El giro que da la novela de Piglia, convierte la trama de dos amantes clandestinos en una novela policíaca: un asesinato, unas cuantas pistas, que finalmente conducen a varias preguntas: ¿Quién lo hizo? ¿Qué razones tuvo el asesino? Dichos interrogantes nos llevan a una búsqueda de la verdad, de certeza; no obstante la lógica no es el motor de la historia, no todo lo que sucede tiene explicación, no es satisfactoria o posible conocerla.

Piglia deja esta incógnita en manos de Munk; él es el único que sabe por qué cometió los asesinatos, aunque las pistas se esparcen por todo el libro en clave literaria y bíblica, el autor nos conduce hasta el momento cumbre, en el que cada pregunta y respuesta son vitales. Sin embargo, las respuestas son las que determinan el rumbo y la aprehensión de la certeza. Munk, nos deja en suspenso al contestar “No afirmo, ni niego”.

Esta respuesta, aparentemente simple, nos recuerda la fractura de la época moderna, es decir, donde la verdad se convirtió en interpretación, en construcción. Nadie puede dar la última palabra porque todo está sujeto a investigación y con ello a ser refutado.

 

Referencias:

Magris, Claudio. Utopía y desencanto. Barcelona: Anagrama, 2001. P 67, 68

Piglia, Ricardo. El camino de Ida. Barcelona: Anagrama. 2013.

 

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