Las mujeres y la literatura

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Foto del recuerdo Camilo a la izquierda

Conocí a Camilo Sepulveda hace varios años.

Yo caminaba de noche por una de las calles de Cartago; escuché gritos y me percaté que la gente comenzaba a correr. Sin importarme, continué mi camino. Los gritos volvieron, esta vez acompañados de disparos: me encontraba en medio de un tiroteo.

El recuerdo de aquella noche es confuso.

Busqué de inmediato donde ocultarme, lo que más me impactó fue no encontrar a ningún policía en la escena, eran civiles que se increpaban y se tiraban a matar; por un instante el humo de un vehículo impregnó la atmósfera. Una voz que salía del cemento me llamaba:

– ¡ey socio! Agáchese que esto se calentó. ¡Socio! ¡Ey! Pspss

Me tiré al suelo y vi al sujeto que me hablaba; estaba debajo de un automóvil, me recibió con una sonrisa, me pasó una botella.

– Beba mi hermano que esto va para largo.

– ¿Qué pasa? Le pregunté.

– No sé, cuando menos pensé…esta gente se encendió, ¡juemadre y yo salí un momento a comprar esto! Estaba en mi casa haciendo un trabajo para la universidad.

– ¿Qué trabajo?

– Sobre literatura.

Me tomé un trago.

Lo que leerán a continuación era lo que Camilo estaba trabajando esa noche.

Las mujeres y la literatura

I

Mucho se ha discutido acerca de si Alice Munro merecía o no el premio Nobel de literatura 2013. Algunos de quienes consideran que la literatura de Munro no es merecedora de tal distinción han llegado a sugerir que el premio le fue otorgado solamente por una razón: es mujer, y parece haber una tendencia de la academia sueca con la que busca reparar la histórica y clara inequidad entre los premiados masculinos y femeninos. Y es que, hasta 1990 la relación de premios era de 7 mujeres y 80 hombres; mientras que de esa fecha, a la actualidad, se ha entregado el reconocimiento a 7 mujeres y 16 hombres, disminuyendo así la disparidad.

No pretendo suscribir dicha hipótesis, aunque, sin lugar a dudas, la relación ha cambiado sustancialmente. No tengo opinión alguna acerca de la obra de Munro: no la conozco. Sin embargo, es evidente que, históricamente, ha habido un predominio de la producción literaria masculina, así mismo como su lectura. Se lee con mayor frecuencia a los autores que a las autoras. De hecho, son muy poco los nombres de escritoras que hayan ganado una popularidad que se pueda destacar. Y no es que no haya calidad dentro de la literatura escrita por mujeres, es que creo que en el ámbito literario (así como en general, en el académico), ellas han sido víctimas de un criterio sesgado para valorarlas.

Por supuesto que tampoco quiero defender la literatura de las escritoras mujeres (que es distinto a la literatura femenina). Abundan, al igual que entre los hombres, las malas y las pésimas escritoras; y porcentualmente son menos los escritores de calidad, y no es diferente con las mujeres.

Sin embargo, vale la pena destacar a algunas de las grandes autoras contemporáneas, con la resignación de tener que dejar por fuera del comentario a un enorme número de ellas. Que disculpen por favor Pizarnik, Youcernar, entre otras, por dejarlas por fuera de estas reseñas.

II

Patricia Highsmith

Nació en Fort Worth, Texas, en 1921, y desde temprana edad desarrolló una afición voraz por la literatura, especialmente por los personajes marginales, de moralidades dudosas y con talento para la manipulación y el engaño. En medio de sus búsquedas intelectuales descubrió, aun siendo niña, la obra de Karl Menninger, La mente humana, y quedó fascinada por la caracterización que este psiquiatra hacía de pacientes con enfermedades mentales que les impedía hacer distinciones entre lo correcto y lo incorrecto. La conjunción de estos elementos fue perfilando un estilo literario que comenzaría a dar sus frutos con la publicación de su primera novela El grito del amor, a los 17 años.

En 1942, tras graduarse del Bernard College, donde estudió literatura inglesa, emprendería una muy prolija carrera como escritora compuesta por más de treinta obras, entre novelas y compilaciones de relatos.

Las contrariedades íntimas de su vida la llevaron a radicarse en Europa en 1963, dado que su abierta homosexualidad, su alcoholismo y sus tendencias comunistas no eran muy bien recibidas por la sociedad y por los editores norteamericanos. Allí vivió hasta su muerte, el 4 de febrero de 1995.

Su obra se caracteriza por una fuerte carga psicológica, y por la impecable caracterización de personajes, en la mayoría de los casos sujetos con vidas aparentemente convencionales obligados a convivir con sus pecados o a disimular sus desequilibrios criminales o a luchar contra sus ambigüedades morales.

Fue una maestra del género del suspence y de la novela negra policiaca, gracias a la capacidad de recrear atmosferas tensas, angustiosas y moralmente problemáticas.

Recomiendo su obra completa, especialmente su novela Extraños en un tren y toda la saga de Ripley, que consta de cinco novelas. La primera fue llevada al cine por Alfred Hitchcok, en 1951, al igual que algunas de las entregas de la saga, especialmente la magistral versión del director Anthony Minghella de El talentoso señor Ripley.

 

Susan Sontag

Hay muchas Susan Sontag. Hay una Susan Sontag académica: una competente filósofa que estudió en Harvard con notable desempeño y que se doctoró en filosofía en la Sorbona; la autora de un excelente estudio crítico sobre la obra de Freud: Freud. La mente de un moralista; la misma que escribió influyentes libros acerca de la experiencia estética del arte (Contra la interpretación), o en los que profundiza en el análisis de las drogas, la pornografía, la guerra, la política, como elementos innegablemente presentes en las sociedades occidentales contemporáneas (Estilos radicales).

Hay una Susan Sontag política: antiamericanista y antiimperialista; La que en diferentes ensayos y entrevistas dejó clara su desazón por el fracaso del proyecto democrático, sobretodo en Estados Unidos; la que entendió que la política se había convertido en un artilugio que permitía a los poderosos incrementar su poder, y que conducía a los más débiles hundirse cada vez más en su condición; la que se opuso fervientemente a las intervenciones norteamericanas en el tercer mundo, sobre todo luego del desastre del 11 de septiembre; la que dijo del presidente Bush, con agudeza, que “No hay ninguna razón para centrarse en la simplista retórica de cowboy de Bush, que durante aquellos días inmediatamente posteriores al ¡1-S, pasó de la cretinez más absoluta a la siniestralidad más lúgubre”.

Hay una Susan Sontag cineasta: la que gracias a una particular idea de la imagen quiso explorar la narración cinematográfica escribiendo y dirigiendo películas poco reconocidas como Duelo de caníbales (1969) y Hermano Carl (1971), o en documentales como Tierras prometidas (1973); la que quiso explorar la relación de la imagen y la palabra escrita en su famoso ensayo Sobre la fotografía.

Hay una Susan Sontag escritora: una brillante narradora que fue capaz de retratar con destreza la particular psicología del hombre occidental, inmerso en la intrincada telaraña política y cultural; la que usó el poder de la palabra para denunciar el precario estado de esa enorme población poco favorecida en la rifa de la posición social y económica; la que exploró en los rincones de los miedos naturales a la condición humana; la que encontró en la literatura una extensión de sus inquietudes filosóficas y políticas, todo ello en obras como El benefactor (1963), El amante del volcán (1992), En América (2000), entre otras.

Hay una Susan Sontag que es la reunión de todas las Susan Sontag: la que en cada actividad de su vida las incluyó a todas.

Hay solo una Susan Sontag.

Este  es el blog de Camilo La arenera del gato para que conozcan más de su trabajo.

 

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