Sin destino

Kertész no es un autor que se menciona habitualmente en los círculos literarios que conozco. Me parece que es de los tantos premio Nobel cuyo reconocimiento no ha garantizado popularidad o divulgación masiva de sus obras, como tampoco he escuchado ni leído acerca de Sully Prudhome, ni de Theodor Mammsen, los dos primeros premio Nobel de literatura.

Andre Kertesz

Foto vía internet

Kertész es un escritor húngaro, sobreviviente del holocausto nazi. “Sin destino” cuenta esa experiencia. A medida que avanzaba en la lectura, las similitudes que encontraba con “Esto es un hombre” de Primo Levi, eran bastantes. El sufrimiento, la precariedad, la injusticia, la degradación humana, promovidas por un sistema totalitario, eran algunas de las que encontraba a medida que padecía la historia.

La gran diferencia es que el escritor húngaro elabora una novela de formación, es decir, aquella en la que el personaje apenas está ingresando en la dinámica del mundo (ejemplos: La traición de Rita Haywork de Puig; Retrato de un artista adolescente de Joyce; La línea de sombra de Conrad) para el caso concreto, la formación es comenzar la vida bajo un régimen totalitario.

El gran reto que se propuso el autor fue el de contextualizar la historia de manera que no hubiera un juicio moral, es decir, aquello que los lectores percibimos como aterrador, inhumano… el personaje apenas puede dimensionar la situación en la que se encuentra, sospecha que está mal, pero no tanto como para reflexionar críticamente o para ser testigo de lo sucedido en el futuro. El último capítulo será clave en eso, porque mientras un vecino lo increpa para que denuncie, él por el contrario, le gustaría contar los momentos en los que fue feliz.

Reseño este libro porque me cautivó su estilo sencillo para contar una de las peores tragedias de la humanidad y porque a medida que transcurría la historia, me iba generando incomodidad, incógnitas, que me exponían, que me interrogaban sobre el verdadero sentido de las cosas.

¿Cómo puede una persona querer contar su felicidad siendo parte de las víctimas del holocausto? Me atrevería a pensar que la tragedia es la semilla de una esperanza que se funda en el miedo, porque todo pudo haber sido peor y no lo fue, o porque albergar sentimientos rencorosos o una postura de denuncia, puede generar retaliación, venganza.

El protagonista de esta novela muestra esa paradoja en la que la tragedia impone a través del miedo, la obligación de tener esperanza. El miedo en este caso es un sentimiento que potencializa la necesidad de negar la realidad, las circunstancias en las que nos encontramos, o las cosas que nos suceden. El miedo permite fabular sobre el presupuesto que negando lo sucedido, no volverá a ocurrir, porque se sale de la lógica del mundo, además popularmente se cree que lo que ocurre una vez no volverá a ocurrir.

Las preguntas que surgen son muchas¿En qué momento permitimos que la vida se convirtiera en esto? ¿Si en estos momentos estuviéramos agonizando podríamos decir que todo esto valió la pena?

Sin embargo, la publicidad nos dice que vivimos en el país más feliz del mundo.

 

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