La enfermedad

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En el 2006 Alberto Barrera Tyszka(Venezuela 1960) obtuvo el premio Herralde de novela con La enfermedad.

En esta historia se narra la vida de un médico, Andrés Miranda, cuya vocación entra en crisis debido a la enfermedad que padece su padre.

Antes de dicho acontecimiento Andrés defendía la comunicación transparente, desprovista de ambigüedad, entre médico y paciente. No toleraba los códigos implícitos, la complicidad con los familiares, para no decir lo inevitable, lo que tiene nombre y asusta: la muerte.

La historia que narra Barrera es inquietante porque nos enfrentamos a la degradación y muerte de un ser amado, a la impotencia de no poder hacer nada por salvarlo. La situación de Andrés es mucho más crítica porque es el encargado de dar el veredicto, de dar a su padre la nefasta noticia y no es capaz de hacerlo; con ello acompañamos al médico en su silencio, en su tormento, de no querer aceptar el presente; a veces el médico se siente culpable por la comunicación transparente con sus pacientes, ya que la verdad puede acabar con la vida antes de tiempo, mientras que esos códigos implícitos que tanto repudió, podrían ser la prolongación de la misma.

La crisis a la que se enfrenta es cada vez más grande; su paciente Ernesto Durán, también está en una fase terminal y Andrés no ha querido decirle la verdad, se niega, se esconde, no responde sus llamadas, ni sus correos electrónicos. Ernesto está desesperado porque no recibe palabras de aliento, no tiene ninguna certeza de lo que está sucediendo. Así las cosas, la situación nos evidencia que un médico está obligado a hablar, sus dictámenes son los que permiten reorganizar la realidad; el silencio del médico se convierte en la prisión del presente de los pacientes porque no tienen certeza de cuánto les queda de vida. Andrés es consciente de ello, que el mundo se construye y se destruye con palabras, por eso busca en los libros médicos o en la literatura, frases que lo ayuden a soportar la situación en la que se encuentra.

La novela de Barrera Tyszka es lenta, como la enfermedad, pero intensa porque describe sutilmente la angustia que sentimos los seres humanos frente a la muerte. No obstante, en este caso es mucho más intenso porque los lectores somos el médico, es decir, queremos ayudar para que nuestro padre no sufra, ni mucho menos se muera.

Andrés tiene miedo, aunque no es un miedo nuevo: lleva años ahí, rondándolo. Debe ser el mismo temor que sin explicaciones y, con tanta frecuencia, lo asalta brincando desde su propia sombra. Es la angustia que se detiene en su pecho algunas noches, impidiéndole dormir. Probablemente todos nacemos con un miedo así, tan impreciso como contundente. Vaga dentro de nosotros, sin saber a donde ir pero sin abandonarnos nunca. Se prepara, se educa, esperando el instante puntual en que debe aparecer. Es un presagio, una voz que todavía no sabe con claridad qué es lo que tiene que comunicarnos. Pero suena. Y es un sonido indescifrable, incomprensible, que gotea insistente, una llamada de alerta. Lleva años oyéndolo, huyendo de él, tratando de espantarlo. Nunca tuvo éxito. Ahora, esa ansiedad por fin tiene una primera forma: el rostro del jefe de radiología, esa mirada esquiva, esa expresión resignada. Andrés ha visto demasiadas veces esa mueca. (Barrera Tyszka, 2006: 7)

Referencias

Barrera Tyszka. (2006) La enfermedad: Anagrama.

 

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