El comodín

El pasado 4 de julio, la selección Colombia de fútbol perdió frente al anfitrión del mundial.

Los comentarios de lo sucedido han girado en torno a tres aspectos: el arbitraje, la FIFA y la lesión de Neymar. Del primer punto dicen que fue muy malo, que el gol que anuló era legítimo, que no midió con el mismo rasero las faltas cometidas por ambos equipos, que sin demeritar el golazo de tiro libre de Brasil, eso no había sido falta. De la FIFA que organizó el mundial para que lo ganaran los pentacampeones porque de lo contrario habría una guerra interna y la presidenta perdería la inversión y de paso su reelección. La lesión de Neymar despertó polémica porque ya no estará más en el mundial, lo que hace tambalear el favoritismo para ganar el título, arreglado o no, de los anfitriones.

Expongo esto porque es necesario situarnos desde dónde comienza esta reflexión. No creo que sea importante quejarme del resultado obtenido o lanzar improperios contra la Federación Internacional. Se trata de otra cosa.

Ese 4 de julio, en horas de la noche, aún triste por la pérdida de Colombia, revisé mi cuenta de Twitter, por curiosidad ingresé en las tendencias y me encontré algo mucho más triste que la pérdida del partido. Dentro de las tendencias había una #RoboAColombia, allí se exponía todo el descontento y la incomodidad que generó el encuentro en la cancha; sin embargo, muchos cambiaron la desilusión por la añoranza, por la plegaria y el recuerdo de Pablo Escobar; mensajes como “si Pablo Escobar estuviera vivo ese árbitro no hubiera salido a pitar el segundo tiempo”  “como extrañamos hoy a Pablo Escobar” muchos mensajes por el estilo llovían en esa tendencia. Cerré la sesión y me acosté a dormir.

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Foto vía internet

Al día siguiente, en horas de la mañana, como si lo de la noche anterior no se hubiera cerrado, me encontré con otro tipo de mensajes: “perdimos pero cumplimos el objetivo, lesionar a Neymar”.

Invocar a Pablo Escobar por perder un partido de fútbol, como el comodín que nos salva de todo, el deux ex machina de Colombia, es lo que incentiva a que las personas de otros países se burlen de nosotros o hagan chistes sobre la droga y nuestro país. Yo me pregunto ¿En realidad las personas que extrañaron a Escobar, creen que si el árbitro es asesinado todo va a ser mejor? ¿Sí Escobar mataba al árbitro, íbamos a celebrar el supuesto triunfo? ¿Una victoria pasajera sustenta un crimen eterno? ¿Por qué en un país que se autodenomina católico, el país del sagrado corazón, invoca o cree más en el poder que tuvo un narcotraficante que en el poder divino?

Ahora bien, lo de Neymar no se queda atrás. Las personas creen que a un jugador de la selección Colombia tal y como jugaron todo el mundial, con juego limpio, con respeto, con un juego bonito de todo el equipo, ¿Le interesa hacerle daño a un colega? ¿Creen que un jugador se prepara para comportarse como un narcotraficante que va tumbando cabezas para alcanzar sus objetivos?

No sé si el sentimiento ante la pérdida generó lo que expongo en la mayoría de los colombianos, lo que pienso es que este tipo de manifestaciones ponen obstáculos a los imaginarios que tanto hemos intentado construir, en medio de muertos, dolor y frustración, para salirnos del pasado oscuro que siempre nos está acechando; por el contrario, ese tipo de manifestaciones no ayudan a nada ni siquiera a divertirnos.

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