Dos ideologías ningún camino

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Foto vía internt de Thomas Bernhard

“El origen” hace parte de una serie de relatos autobiográficos de Thomas Bernhard, recopilados por Anagrama. Esta joya de la literatura la encontré en la pasada Feria del libro de Bogotá.

Bernhard es otro de los autores que narran los traumas que generó el holocausto nazi a sus sobrevivientes. Particularmente hay una perspectiva que me generó mucho interés en esta obra: el auge de la ideología nazi, su decadencia y posteriormente el auge del catolicismo. De inmediato recordé la frase de Primo Levi “Existe Auschwitz, por lo tanto no puede existir Dios”¿cómo es posible que luego del exterminio sistemático de los judíos se conciba el catolicismo como nueva creencia? Parecería casi un insulto que después de haber implorado tanto a Dios-padre, éste aparezca cuando ya no hay nada que hacer. También recordé el documental que hizo Lanzmann titulado “Shoah” donde algunos sobrevivientes le cuentan al director, que en los camiones donde transportaban a los judíos por toda la ciudad, paseándolos mientras los gaseaban, imploraban desesperadamente a Dios su ayuda, su protección, su salvación; para los sobrevivientes recordar eso es la otra cara de la humillación porque nunca sabrán si Dios existe, ni mucho menos si Dios estaba deacuerdo con Hitler.

Bernhard muestra que la historia es un anacronismo en el cual el ser humano se deja enredar ya que permitir la divulgación de esta religión es ponerse de espaldas a los hechos, es permitir que ello vuelva a ocurrir. Dentro de la lógica del terror, el miedo, es casi una necesidad o un instinto que busca desesperadamente un paliativo, un placebo, que ayude a continuar porque la tragedia es algo que se escapa de la comprensión o que así pase el tiempo nunca se superará u olvidará. Este escritor tras cada palabra, tras cada repetición, va dejando preguntas sin respuesta ¿Dios tuvo miedo de Hitler? ¿Hitler fue la prueba ontológica de la no existencia de Dios?

Lo que Bernhard nos muestra es chocante, porque a él le parece absurdo que después del holocausto se quiera divulgar una nueva ideología, se quiera acudir a lo divino, es decir, a lo que pudo haber ayudado antes del desastre. Es como si quisieran decir: déjese matar, déjese torturar, tranquilo que eso no importa porque usted va para la vida eterna. ¿Quién da garantía de que eso es así? ¿Acaso la única manera de entrar en el reino de los cielos es siendo rechazado, vilipendiado, humillado y además de ello morir violentamente?

Este relato de Bernhard no es nada fácil. No es sólo presenciar el absurdo histórico sino ver como crece una persona en ese contexto donde la educación es la promotora de la desesperanza. Dicho de otra manera, la educación como aquella herramienta que impulsó el exterminio de una raza y luego como aquella que promulgó el amor entre los seres humanos. En consecuencia lo que generó esto fue confusión, depresión, y una generación que desde que amanecía hasta que anochecía pensaba en el suicidio como la única salida o alternativa que quedaba para recuperar la dignidad humana. Muchos lo hicieron. Bernhard no, él tenía que contarnos esta historia.

 

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