James en el transmilenio

james colado

 

Ayer iba camino a mi trabajo. Estaba en una estación de transmilenio esperando el bus. De un momento a otro ocurrió algo habitual: un tipo se bajó por una de las puertas de vidrio a la calle, esto pasa a diario sin importar si hay poca o mucha gente, menos si hay un policía auxiliar viendo la escena.

Lo que me impactó mucho de esta situación, es que el tipo tenía puesta la camiseta de James Rodríguez, el jugador de la selección colombiana de fútbol. Sentí en mi cabeza el sonido de un disco rayado ¿Qué P…. es esto? ¿Una persona que no le importa su vida, ni la de los demás, que piensa cuándo se coloca esa camiseta? ¿Es consciente de lo que representa?

Me pareció que ese gesto reflejaba gran parte del comportamiento de los colombianos. Decir una cosa y hacer otra, predicar de dientes para afuera, intentar dar una buena imagen para quedar bien, para ser aceptado; a veces sucede un milagro y estas personas terminan “pelando el cobre”, con una simple palabra o una acción, se les cae la fachada. No se trata de subirse en el caído, sino de ser más conscientes de lo que hacemos; no es necesario aparentar lo que no somos porque la verdad se devela de la peor manera y difícilmente se puede rehacer una personalidad frente a los demás.

Para ser más preciso, ¿Qué representó James en Brasil 2014? Un jugador que piensa en equipo, en el bienestar, que no hace daño a los contrarios, que propone juego limpio; dicho de otra manera, en su práctica está el cumplimiento de las reglas de convivencia para poder ser quien es. No creo que James sea perfecto, pero estas fueron algunas de las virtudes que más brillaron en su participación en el mundial, las que hicieron que muchas personas se identificaran con él. Tratemos de imaginar algunas escenas para entender un poco más la situación:

Primera escena: Un tipo con la camiseta de Fernando Vallejo va a recibir la comunión.

Segunda escena: Un cura, con el vestuario que lo caracteriza, ingresa en un burdel.

Tercera escena: Un mestizo utiliza la indumentaria nazi.

Nombre de la película…

Con estos ejemplos, parece que el problema es mucho más complejo de lo que pensé; precisamente identificarnos con nuestros ídolos, en este caso a través de un tipo de vestuario, refleja aquella frustración de lo que no se pudo ser, de un anhelo de vida que se frustró por la situación económica, por la educación religiosa o por el país de origen. Tal vez, no es que el tipo que se bajó por la puerta de vidrio del transmilenio no comprenda lo que significa la camiseta que lleva puesta, es que su interpretación es esa: ser famoso sin importar nada más, ese fue el único aspecto que le interesó de James. Aclaro que no es un juicio maniqueo de la circunstancia, todo lo contrario, se han develado dos posturas igualmente válidas.

La pregunta que me surge en este momento es ¿Qué tipo de relación establecemos con nuestros ídolos?

 

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