Se me paró el negocio

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Foto vía celular. Y sí vale $500 pesos

I

 

Hernán Hoyos es un escritor que poco a poco he ido conociendo, su obra difícilmente se puede conseguir; no sobra decir que no publica con ninguna editorial reconocida, sus obras han salido por autogestión y por algunas imprentas, que lo han publicado luego de recibir el pago del propio autor.

En el simple procedimiento editorial conocemos a un escritor que a mediados de la década del 60 fue un best seller en ventas. Sus novela clasificadas como eróticas o pornográficas fueron las novedades que se ofrecieron en los kioskos de la capital del valle; la etiqueta del género literario, como sus lectores: mecánicos, tenderos, vendedores, hicieron que la clase alta de la literatura colombiana lo encasillaran como un autor de obras menores, de panfletos o literatura popular, con ello queriendo decir que no tenía mucho valor.

En el documental que se puede ver en Youtube: Hernán Hoyos un escritor de mala reputación, aparece uno de esos “grandes críticos”, Darío Henao argumentando que con base en sus estudios puede determinar que lo que hace Hoyos es literatura de folletín o literatura menor o incluso subliteratura.  Según sus conocimientos “la literatura supone 2 o 3 aspectos claves para que una cosa sea realmente literatura. La primera es que tenga un alto nivel estético, la segunda es que realmente provoque conocimientos humanos profundos y cree modelos; y la tercera es que tenga un nivel de elaboración idiomática que le de fuerza poética. Yo creo que si analizamos a Hernán Hoyos con estos tres elementos no cumpliría ninguno”. Argumenta el crítico.

Este tipo de comentarios son típicos en la crítica literaria de Colombia, primero alardear de conocimientos literarios, segundo determinar lo que es bueno, lo que es un alto nivel estético y el manejo del lenguaje. Henao es el arquetipo de los críticos, algo así como el Cleóbulo Sabogal de la crítica.

Lo primero que debemos preguntarnos es ¿qué es bueno?, ¿qué es estético? ¿Cuál es el alto nivel literario? Evidentemente la opinión del crítico parte de una visión particular de lo que considera que es la literatura. La pregunta sería ¿por qué debe tomarse como universal?

En ese orden de ideas, para Henao un escritor como Manuel Puig sería un marica que escribe sobre temas populares, subliteratura argentina para mecánicos.

II

 

Se me paró el negocio es una novela de Hernán Hoyos. La historia cuenta la crisis matrimonial que enfrentan Benito y Veronica. El esposo sufre de impotencia sexual, el psiquiatra de la esposa le recomienda que tenga relaciones sexuales con otros hombres para que no enloquezca. Benito se propone ayudar a su esposa. Conocen en una piscina de Melgar a Nepomuceno, un hombre bien dotado dispuesto a ayudar con la causa, que además parece gustarle a Benito.

Veronica es separada, tuvo en su anterior matrimonio a Yenny  quien es novia de Pepe Haas, un costeño mal hablado. Melquisedec es el vigilante, Betulia la empleada y por último, un sacerdote amigo de la familia. La pareja de esposos es descubierta por la hija mientras Nepomuceno se acuesta con su madre. Yenny es descubierta en el baño por sus padres en el momento en que Pepe la penetra por detrás. El cura es homosexual, a escondidas le hace sexo oral a Pepe Haas; Melquisedec somete a Betulia sexualmente mientras los patrones no están, todo queda grabado en una cámara de filmación que Yenny dejó para pillar nuevamente a su mamá y así exigirle el divorcio con su padrastro.

A simple vista parece una película porno. No obstante, estaríamos ante un película porno existencialista o filosófica. Temas como el sexo, la crisis matrimonial, la homosexualidad, la infidelidad, la hipocresía, la religión, se van develando en las acciones más grotescas y cómicas que nos presenta el autor.

En la lectura que hice de la novela lo que prevalece es el conflicto que genera la religión.

Las preguntas que hay de fondo son ¿cómo cumplir con los dictámenes de la moral cristiana? ¿Por qué inmiscuirse en la vida privada de las personas? ¿Por qué el sexo se convierte en un juicio de valor frente a las personas que nos rodean? Para ser más concreto: Betulia, la empleada, en cada instante evoca el juicio final, la condena en el infierno, por todo lo que está sucediendo en la casa donde trabaja. No obstante, cuando sus patrones se van aprovecha y se acuesta con el vigilante, la manera en la que le gusta hacerlo es siendo sometida y que su verdugo le diga obscenidades. ¿Quién es Betulia para juzgar a los demás? El comportamiento de este personaje evidencia la pugna entre el deber ser y el querer hacer. En este caso predomina el segundo, así las cosas ¿Betulia debe sentir culpa?

En realidad no comprendo qué es lo que buscan los críticos, lo que podría especular es que aún están centrados en construir verdades absolutas, en dirigir los gustos estéticos de las personas, creo que las categorías que emplean como buena o mala literatura se remiten a una concepción de lo que consideran que debe ser la literatura; Hernán Hoyos está del otro lado, es decir, lo que quiere hacer de la literatura.

Una respuesta a “Se me paró el negocio

  1. Reblogueó esto en y comentado:
    Los libros de Hernán Hoyos irán cobrando más lectores a medida que el prurito de la crítica y el establecimiento literario del siglo XX empiece a caer con sus ilustres muertos. En esta entrada, Daniel Zapata hace una reseña de “Se me paró el negocio”:

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