La cruzada de los plagiarius

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Foto vía internet

I

Un obrero va camino a casa, en su bolsillo lleva el pago de la jornada laboral. Un tipo se le acerca desenfunda un arma y le roba su producido.

Un investigador lleva mucho tiempo dedicado a construir una idea que considera importante para el mundo académico, pasa días enteros pensando, investigando y escribiendo sobre su idea. La termina y la publica; días después encuentra en un artículo de revista sus mismas ideas firmadas por otro autor. Se percata de que le han robado su producido.

Los dos ejemplos con los que iniciamos hacen referencia a dos tipos de robo: material e intelectual. Los contextos son distintos pero el acontecimiento es el mismo.

Entremos en materia:

El plagio es uno de los fenómenos más frecuentes en nuestra vida cotidiana, se da en ámbitos académicos, científicos, artísticos, entre otros. En pocas palabras, el plagio hace referencia a un secuestro, a robo, a engaño, a tomar lo que no nos pertenece y buscar credibilidad con ello.

Los ejemplos que leímos al comienzo ilustran como el ladrón de la primera situación, roba para sobrevivir en su cotidianidad, es decir, para comer, pagar una residencia, drogarse… En la segunda situación, el ladrón lo hace para convivir en una comunidad académica, estar a la altura de un contexto determinado, tener prestigio, reconocimiento. Repito, las situaciones son distintas pero ambas reflejan lo mismo: el robo del trabajo ajeno.

¿Qué hay detrás del robo en ambas situaciones? El obrero se levanta muy temprano para ir a su trabajo, allí se expone al sol y al agua, sufre los gajes del oficio como lastimarse con las herramientas, caerse, o recibir un golpe inesperado por alguno de sus compañeros; levantar carga pesada, soportar las injurias de los jefes, llegar extenuado a su casa siendo consciente que el producido no le va a alcanzar para los gastos de su familia.

El académico invierte dinero en documentarse con revistas, libros, impresiones; emplea gran parte de su tiempo investigando, escribiendo borradores, corrigiendo, a veces lucha contra el bloqueo que tiene y no le permite escribir; se percata que las fuentes bibliográficas que ha consultado no son las que necesita, debe rearmar su corpus, los objetivos de la investigación no están claros. No duerme bien, la ansiedad o el poco avance de su investigación no le permiten descansar. En pocas palabras, en este ejemplo se requiere una inversión económica, física e intelectual.

Muchas personas creen que el robo al obrero es muy grave, mientras que el robo intelectual es insignificante. El concepto que quiero tratar es el plagio, es decir, lo que se refiere al segundo ejemplo. Hago énfasis en el término robo para dejar en claro que ambos casos es un delito pero evidentemente en nuestra cotidianidad cuando sucede el ejemplo 1 no decimos plagiaron al obrero tal, o en el ejemplo 2 no decimos le robaron al académico tal. Para el primer ejemplo usamos robo haciendo referencia a una pérdida material y para el segundo, empleamos plagio para hacer alusión a una pérdida intelectual.


II

El tema del plagio ha sido una de mis preocupaciones intelectuales. Las razones por las cuales muchas personas lo cometen son diversas, van desde la mediocridad hasta la presión por cumplir con un contrato, por ejemplo con una disquera o con una editorial. No son excusas para justificarlo sino situaciones en las cuales es muy frecuente.

Hace unos días fui a una librería y me encontré de casualidad un libro de Hélène Maurel-Indart titulado Sobre el plagio lo he estado estudiando y para esta segunda parte del escrito quiero referenciar una frase que me llamó particularmente la atención:

“Más allá de que el plagio sea un arma de conquista sin escrúpulos o, al contrario, un acto de impotencia angustiante, representa, para la víctima plagiada, un atentado contra su ser, desposeído de una parte de sí mismo”. (Indart, 2014:18)

La frase trata el tema desde un punto de vista muy profundo. Quien comete plagio no solo está robando las ideas del otro sino que se apropia descaradamente de una parte del ser, del mundo del otro, para utilizarlo en beneficio propio. Si lo ilustramos de otra manera, es como si alguien entrara por un momento en nuestra vida y se llevara una parte de nuestros mejores recuerdos y los expusiera en otro contexto a título personal.

Así las cosas, no hablamos únicamente de una apropiación ilícita de las ideas ajenas, también de una invasión de la realidad que el otro trabaja, construye y en la que va consolidando su existencia.

¿Alguna opinión?


Bibliografía:

Maurel-Indart Hélène. (2014) Sobre el plagio. Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica.

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