Buscando mariposas (1era entrega)

elevator

Foto vía internet

No soy un experto en realizar entrevistas. Me incomodan un poco, me hacen sentir nervioso porque gran parte de lograr una buena conversación depende de quien pregunta, en este caso yo.

Iba camino a la casa de Paula, ferviente devota de García Márquez, nos habíamos reencontrado en la feria del libro de Bogotá después de varios años de no vernos. Por esos días el tema a nivel mundial era la muerte del Nobel colombiano, así que con Paula acordamos un encuentro para hablar de ello.

Cuando llegué al edificio donde vive un montón de recuerdos me invadieron; yo había vivido allí durante 5 años y no había vuelto desde entonces. El vigilante era el mismo, me saludó con sorpresa y le dije que por favor me anunciara. Fui tosco, dentro de mis recuerdos estaba el día que me había dicho que si podía sacar mis cosas al corredor mientras él pintaba ya que yo me iba a ir de allí y necesitaban arreglar el apartamento. Me negué rotundamente.

Dudé un momento, no sabía si subir por las escaleras o por el ascensor. La primera opción me llevaría a pasar en frente de mi antiguo apartamento, la segunda a subirme en un ascensor al que nunca le tuve confianza. No quise más nostalgia, opté por la segunda opción.

El vigilante me abrió la puerta y con un guiño me dijo: ella está sola. Me molestó su comentario y lo ignoré. Apreté el botón número 5 y comencé a subir. Alguien me dijo una vez que mi paranoia tenía poderes malditos: entre el piso 4 y 5 el ascensor se paralizó, si levantaba un poco la cabeza podía ver una parte del suelo.

Presioné la campana de alerta y el pánico se apoderó de mi. Me vi muerto tras la caída del ascensor. Escuché una puerta que se abrió, era Paula. Me miró y me dijo que esperara que avisaría a la portería para que me ayudaran.

Unos minutos después el portero nos dijo que la visita de revisión estaba agendada desde hacía una semana, que la empresa había incumplido un par de veces pero que la administradora le gustaba mucho el trabajo que hacía la empresa de su sobrino.

El vigilante bajó apresuradamente para avisar. Paula se quedó mirando al suelo. Yo me preguntaba ¿Si hubiera elegido la primera opción? Escuché un ruido en la puerta: tranquilo, voy a abrir la puerta para que le entre un poquito de aire. El vigilante pensó que eso apaciguaría mis nervios pero me alteré más. No había contemplado que me pudiera morir de asfixia.

Paula se agachó, intentó tranquilizarme sentándose en el suelo y me dijo:

–       ¿No te parece muy extraño que justamente hoy que vienes para que hablemos de García Márquez suceda esto?

–       ¿Qué tiene de especial? – dije molesto.

–       Pues que me parece extraño, nada más. No te preocupes que ya vienen a arreglar esto. ¿Te puedo proponer algo?

–       Dime.

–       ¿Hacemos la entrevista? – Me sonrió porque sabía que me podía molestar.

–       Si me traes agua …- se levantó de inmediato y se fue; en segundos tenía en mis manos una bolsa con agua.

–       ¿Comenzamos?

–       Bueno, comienza diciendo lo que quieras.

–       La novela que más me gusta de GM es el amor en los tiempos del cólera. Es una novela que releo y a la que vuelvo con cierta frecuencia. La película la vi el año pasado, no me gustó.

–       ¿Podrías hacer una relación entre el general en su laberinto, cien años de soledad y el amor en los tiempos del cólera? Al parecer el mundo que construye es cerrado en el sentido de que todo gira alrededor de lo mismo, aunque las historias se enfoquen desde otras perspectivas.

–       Cien años…es distinta porque allí muestra sus orígenes como escritor, la cultura Caribe, las historias que escuchaba de su familia. En cambio en el amor… no es tan marcado ese realismo mágico. Cada obra tiene su propio valor.

–       Me gustaría que hablaras un poco del realismo mágico y que me trajeras más agua por favor.

–       Ya voy…el realismo mágico tiene que ver con mostrar las cosas de una manera natural, por más extraordinaria que sea, debe contarse con “la cara de palo” que lo hacían en su familia, es decir, aprendió que lo más espantoso y lo más asombroso debían confluir a la hora de narrarlos en algo natural, en algo común. Para GM eso reflejaba una postura política porque era la manera en la que debemos asumir la realidad latinoamericana, esto es, sin excusas frente al extranjero porque así es como vivimos aquí y hace parte de nuestra autonomía cultural – me trajo el agua y continuamos.

–       ¿Qué se estaba haciendo en Colombia, literariamente hablando, por la época en la que comienza a surgir GM?

–       Es una época de transformaciones. GM publica su primer cuento en el periódico “El espectador” en 1947; cuando sale su primera novela en 1955, ya tenía una fama y un reconocimiento a nivel nacional por toda su labor periodística.

Eduardo Zalamea Borda es quien reconoce a GM, desde el suplemento literario de “El espectador” increpa a los lectores porque no se está haciendo una literatura de calidad. Este autor ya tenía publicada una novela 4 años a bordo de mi mismo y tenía la autoridad periodística para manifestar su descontento con la literatura nacional del momento. GM le envía uno de sus cuentos y Zalamea lo publica de inmediato. Sin embargo, Jorge Zalamea, primo de Eduardo, quien influye o provoca un cambio en GM porque este escritor rompe la manera en la que se dirige a los lectores, es decir,  no le importa ser un escritor para los círculos literarios sino que le interesa las personas que están por fuera de ellos.

En una entrevista que concedió GM en la que hablaba sobre la elaboración de crónica de una muerte anunciada, decía precisamente que lo que le interesaba era descubrir aquello que podía interesarle al lector y eso fue un legado que tomó de Jorge Zalamea. Dicho de otra manera, GM comienza a escribir para un público que conoce más la cultura popular, sin dejar de lado la cultura universal, la diferencia era que los lectores que se encontraran con sus obras no debían ser eruditos o tener una educación en el humanismo clásico, los lectores estaban allí porque quería leer historias. Ahora bien, esto también le permitió distanciarse de la forma como se estaba escribiendo la literatura de “La violencia”, en ese momento los autores se enfocaban en contar cadáveres y posturas políticas; a GM le interesaba los puntos de vista del que moría y del que asesinaba – en ese momento el vigilante nos interrumpió para decirnos que ya venían de la empresa para solucionar el problema, que si necesitaba algo tocara la campana de emergencia.

–       ¿Y de la cueva que puedes decir? – Paula miró los lados del ascensor y se rio a carcajadas – Me refiero al grupo de Barranquilla.

–    Perdón… La búsqueda de GM también coincidía con la de Cepeda Samudio y la de Rojas Herazo – Mientras hablaba se contenía para no reírse – Ellos toman distancia para establecer nuevos códigos narrativos, además de manifestar públicamente su desacuerdo con el campo intelectual bogotano, porque lo que les interesa es transformar lo que se consideraba la Atenas Suramericana, la imagen y el oficio del escritor.

Es muy importante resaltar que GM no ocupó cargos públicos sino que vivió de lo que ganaba como periodista; eso es determinante porque muchos escritores de la época aceptaban esos cargos para poder subsistir lo que no les permitía dedicarse de lleno a producir sus obras, lo hacían en el tiempo libre o luego de sus jornadas laborales, lo que evidentemente influía en la calidad de las mismas.

Por la escaleras escuchamos unos gritos: ¡Llegó la empresa, llegó la empresa!…

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Paula Andrea Marin Colorado. Investigadora de Literatura Colombiana.

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