Homenaje a José Saramago (1era entrega)

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Foto vía internet

Este mes vamos a recordar a un escritor que marcó la historia de la literatura universal.

El 16 de noviembre de 1922 nació José Saramago.

El homenaje comienza así:

Los seres humanos en su breve tiempo de existencia se plantean diversos interrogantes que evidencian una inconformidad, una carencia, o la necesidad de llenar un vacío existencial, por ejemplo: ¿Por qué soy así? ¿Qué le pasa al otro? ¿Existe Dios? ¿Qué hay después de la vida?, ¿Qué es el amor? ¿Cuál es el trabajo ideal? entre otros.

Los interrogantes son la muestra de cierta inquietud, de cierto malestar, son el reflejo de una incomodidad con algo, con un hecho o con una circunstancia que de alguna forma nos afecta. Cabe notar que la posibilidad de realizar avances científicos, de construir  discursos filosóficos, morales o políticos, la creación de estrategias económicas, entre otros, parten de preguntas que posteriormente se convertirán en un discurso, hipótesis, teoría o en un hecho concreto. Dicho de otra manera, La incógnita aunque suene algo paradójico, es la respuesta a la necesidad del hombre.

Saramago se propuso hacer de la literatura un espacio para reflexionar sobre los interrogantes que mencionamos antes, se propuso cuestionar las verdades que han determinado la manera en la que vivimos y que se manifiestan a través de la Religión, la  Historia, la Política. Este tipo de cuestionamiento surge en un espacio narrativo que acude a la filosofía para reflexionar sobre ello.

En otras palabras, para este escritor la narrativa permite captar el espíritu de una época, sin demostrar ninguna verdad, ningún absoluto, de hecho hacer de la literatura un espacio propicio para la filosofía y viceversa, evidencia que no hay un único tipo de discurso que entrañe lo absoluto y el lenguaje es la mejor muestra de ello.

Esta escritura híbrida nos recuerda el Zaratustra de Nietzsche, la novelística de Thomas Mann, las ficciones de Borges, el estilo de Michel Foucault en la que percibimos ensayos con personajes o cuentos filosóficos que tienen de fondo metáforas, ficciones, historia, denuncia social, convirtiendo la literatura en una parte esencial en el conocimiento de la humanidad.

Entremos en las obras:

I

“La balsa de piedra” es una metáfora fascinante. La península Ibérica se desprende del resto del continente y marcha a la deriva por el océano.

Este acontecimiento permite  pensar varios aspectos: crea una nueva esperanza política, social, ética, cultural, en la que simbólicamente nos dice que solo el desprendimiento del poder europeo, el desapego de la influencia norteamericana en su afán por dominar no solo esta parte sino el mundo entero, crea una nueva perspectiva.

Así las cosas, la desterritorialización sufrida por estos personajes es la alternativa que tienen para transmutar los códigos habituales de convivencia, o sea que, este nuevo viaje presupone desandar todos los pasos que la península ha dado y que no le han servido para nada: “Cuántas veces precisamos la vida entera para cambiar de vida, lo pensamos tanto, tomamos impulso y vacilamos, después volvemos al principio, pensamos y pensamos, nos movemos en los carriles del tiempo con un movimiento circular, como los remolinos que atraviesan los campos levantando polvo, hojas secas, insignificantes, que a mas no llegan sus fuerzas, mejor sería que viviéramos en tierra de tifones”[1]

Explícitamente el autor nos dice que solo un hecho brusco o en este caso extraordinario hacen que el hombre retorne al uso de la razón y se percate que solo la confianza entre todos los habitantes de la península los puede llevar a una vida digna. Retornar a la razón o desandar los pasos es tener una posición crítica frente a toda la experiencia pasada en la que se ha formado esta pequeña parte del continente y desde allí reconstruirse.

Saramago desde “Manual de pintura y caligrafía” ha hecho de su escritura una búsqueda espiritual, allí va descubriendo el mundo en el cual habita y a su vez se va conociendo él mismo. Precisamente en “Manual de pintura y caligrafía” vemos una reflexión sobre el arte y algunas propuestas estéticas para abordarlo. Principalmente el autor centra sus palabras para contarnos qué es la escritura y lo que significa escribir.

Allí leemos que toda escritura es un viaje interior que intenta ordenar las ideas de la razón, es decir, el acto de escribir está emparentado con sacar a flote y de esclarecer el caos, la discontinuidad, la amalgama de cosas que se encuentran en el pensamiento humano y en el mundo: Separar, dividir, confrontar, comprender, entender, son puntos encontrados en el tiempo, que la razón no puede aprehender y que la escritura si puede congelar.

Escribir para Saramago es un viaje que intenta descubrir aquello que no vemos, pero que sentimos, aquello que ignoramos intuyendo que está allí, nos da la posibilidad de distinguir cuál es la verdad interior de las cosas y la superficialidad de ellas. Al contrario del éxtasis que los seres humanos sentimos por la velocidad, la escritura va palpando momentos, fantasías, ideas, sensaciones, experiencias, que fortalecen la existencia, en el sentido de concretarlo en el papel, de hacerlo más real y menos efímero, es decir que la palabra escrita se convierte en luz para caminar por el laberinto racional que somos.

Aquí recordamos la frase donde nos dice: “Idea mía de hacer volver la novela al canto original, de convertirla en suma del conocimiento, en poema que, siendo expansión pura, se mantuviese físicamente coherente”[2]

Una primera conclusión a la que podemos llegar es que para el autor de “El memorial del convento” la literatura es un espacio que debe ocupar el pensamiento, puesto que en ella se encuentran conjugados el conocimiento, la imaginación y la sensibilidad que hacen parte esencial del ser humano. Todo encuentra una expresión primordial en la novela puesto que está exenta del discurso ideológico y alienante del poder y de los medios de comunicación que se encargan de construir cavernas en el sentido platónico y nos aíslan de lo que realmente está ocurriendo en el mundo.

 

[1] SARAMAGO, José. La balsa de piedra, Madrid: Punto de lectura., 2001. p. 119.

[2] SARAMAGO José. Cuadernos de Lanzarote I, Madrid: Alfaguara, 1998. p.184-185.

4 Respuestas a “Homenaje a José Saramago (1era entrega)

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