Los pies de Foster Wallace

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                       Foto vía internet

En algunas entradas de este blog he referenciado a David Foster Wallace. Sin embargo, no había realizado un escrito sobre él.

Wallace llegó a mi vida con una presentación de alto impacto. Su suicidio el 12 de septiembre de 2008 apareció en un artículo que leí en una revista.  Lo que más recuerdo de la fotografía que mostraban era su imagen Grunge de los 90. Debo decir que si no hubiera sido por este acontecimiento, tal vez nunca lo habría leído; tras su muerte su fama estalló al menos en este lado del mundo.

El primer encuentro que tuve con una de sus obras fue “La broma infinita”, posteriormente me enfrenté a un libro de ensayos titulado “Algo supuestamente divertido que nunca volveré a hacer”. Leer a este norteamericano no es una tarea fácil, si pudiera definirlo diría que es un erudito, complejo, que escribe sencillo. Me voy a explicar mejor.

En las obras mencionadas hay algo en común, no sé si en toda la obra de Wallace, las notas de pie de página. Algunas connotaciones que tienen son para explicar algún término de la jerga gringa, alusivas a fármacos, agrupaciones de rock, contextos culturales, políticos, sociales, económicos, religiosos, entre otros. Otras se convierten en historias paralelas o complementarias de los personajes inmiscuidos dentro de la historia que el autor está narrando, en esa medida, una nota puede extenderse en 10 hojas. La forma en la que estructura esto es colocando un número encima de la palabra que quiere señalar y al final hay un compendio de todas las notas.

La hipótesis

En cada apartado que he leído y encuentro una nota a pie de página, me he preguntado ¿Para qué o por qué el autor hará esto?

Pienso que las notas son explicativas o intentan dar al lector un contexto mucho más amplio de lo que la historia misma puede dar. Wallace escoge esta manera para no quitarle fluidez a la historia o fuerza a las ideas de sus ensayos, porque evidentemente el lector es quien determina si lee o no dichas notas. Yo recomiendo leerlas.

Ese contexto que muestra David Foster Wallace en sus escritos determina una postura estética frente a la literatura, es decir, pone de manifiesto lo que no se dice a la hora de construir un texto o una obra de ficción, lo que en cine llaman los detrás de cámaras, solo que para este escritor es igual de importante mostrarlo. Dicho de otra manera, la literatura es un laboratorio en el que se deben mostrar tanto los resultados como lo que nos llevó a ellos, porque sin estos nada de lo que el lector lee sería posible o se habría convertido en historia o reflexión.

Así las cosas, a este escritor no le interesa que el lector descubra misterios intelectuales a lo Julio Cortázar; por el contrario, le interesa que el lector conozca de dónde viene la obra, la deguste, y comprenda que el ejercicio de escribir es un misterio en sí mismo independientemente de la erudición que se tenga para hacerlo.

Nota: A fin de año cuando estén realizando los propósitos para el 2015, escriban: Leer una obra de David Foster Wallace. Amén.

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