Rebelión en la granja

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Foto vía internet

La novela de Orwell “Rebelión en la granja” (1945) ha sido vista como una crítica a los sistemas totalitarios. Dicho de otra manera, a los partidos políticos revolucionarios que una vez alcanzan el poder se convierten en los verdugos de la sociedad que tanto anhelaban defender.

Es muy interesante ver cómo a través de la ficción, Orwell intenta estructurar una reflexión epistemológica alrededor de la política, teniendo como ejemplo el régimen soviético.

El contexto de la novela es el siguiente: En una granja llena de diversos animales, un hombre llamado Jones es el encargado de administrarla, de comercializar los alimentos que estos producen y de esa manera obtener el sustento para su familia. Jones es un irresponsable y autoritario; llega borracho donde los animales y los castiga sin compasión, les habla sin respeto, a veces olvida recoger el producido. Lo que el administrador no sabe es que los animales sienten, piensan y ya están cansados de este tipo de trato. Son conscientes de que su trabajo es el que sostiene al administrador y en ese orden de ideas deberían recibir un mejor trato. Por esta razón deciden rebelarse y expulsar al tirano de la granja.

La novela tiene 4 momentos importantes en los que podemos acercarnos a la reflexión orwelliana:

Primer momento – Diferenciación

Los animales son conscientes del poder obtenido, de la fuerza de sus convicciones y la necesidad de alejarse del antiguo régimen instaurado por los hombres. Así las cosas, el nuevo sistema debe estipular leyes que reconozcan una nueva forma de vida en la que predomine la armonía, la justicia, la libertad y el respeto. La manera de hacerlo es redactando los mandamientos de los habitantes de la granja. Volvemos a habitar el mundo en su origen y por ende, la ingenuidad de la primera mirada intenta fundar el paraíso terrenal.

Algunos mandamientos son:

  1. Ningún animal dormirá en una cama
  2. Ningún animal beberá alcohol.
  3. Ningún animal matará a otro animal.

Segundo momento – Adaptación

El cambio de un sistema de gobierno implica replantear formas de vidas, cambiar las rutinas, reconocer y respetar a los nuevos líderes. De alguna manera, el poder se manifiesta como algo que se construye, no está determinado para que alguien lo ejerza sino para aquél que aparentemente pueda comprender el sentir colectivo.

Tercer momento – Negación

Una sociedad sin privilegios y sin censura está condenada a la pobreza. Todos los animales no pueden ser iguales porque las capacidades para trabajar o para pensar no son las mismas, en esa medida las condiciones de vida deben regirse por las competencias que se tengan para la subsistencia.

Por tanto los mandamientos deben cambiar:

En este momento rezan:

  • Ningún animal dormirá en una cama con sábanas
  • Ningún animal beberá alcohol en exceso
  • Ningún animal matará a otro animal sin motivo

Cuarto momento – Reivindicación

Un sistema revolucionario debe retomar las condiciones sobre las cuales se ha construído la política durante siglos, es decir, no se erige sobre la nada, siempre se inicia sobre lo ya establecido. Los animales demuestran los cambios como un instante en que la humanidad tiene para respirar un aire distinto antes de volver a asfixiarse en su propia autodestrucción.

Las preguntas que me deja la novela son muchas, por ejemplo: ¿Qué es una revolución? ¿Qué debe tener una revolución para no convertirse en dictadura? ¿Los actores de una revolución tienen claro lo que quieren?

Por último, recordemos las palabras de Richard Rorty a propósito de la obra de Orwell:

La manera en que correspondía describir la situación política posterior a la Segunda Guerra Mundial no era algo obvio, ni los es todavía. Pues es una descripción política útil la que se formula en un léxico que sugiere respuestas a la pregunta: ¿Qué puede hacerse?, tal como es una descripción científica útil la que se formula en un léxico que acrecienta nuestra capacidad de predecir y de gobernar los acontecimientos. Orwell nada nos insinúa acerca de cómo responder a la pregunta de Chernichevsky. Sencillamente nos dice que en qué forma no debemos intentar darle una respuesta, y qué léxico político anterior es poco pertinente para la situación política presente, pero no nos proporciona uno nuevo. Nos manda de nuevo al tablero de dibujo, y aún estamos en él. Nadie ha logrado elaborar un sistema en el que se pongan en relación nuestras grandes y vagas esperanzas de una igualdad humana con la distribución real del poder en el mundo. Los capitalistas siguen siendo tan voraces y cortos de miras, y los oligarcas comunistas tan cínicos y corruptos…como lo decía Orwell. No ha surgido en el mundo una tercera fuerza, y ni los neoconservadores ni la izquierda postmarxista han logrado hacer otra cosa que ejercer la nostalgia*.

Nota: para profundizar un poco más en este tema que plantea Orwell, recomiendo la lectura de: “El hombre rebelde” de Albert Camus.

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* Rorty Richard. Contingencia, ironía y solidaridad. Barcelona: Paidós, 1996, P. 193.

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