Alquimia Pura

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Foto vía internet

Hace un par de años caminaba por la avenida 19, en el centro de Bogotá, y decidí entrar a uno de los bares que se caracterizan por el precio económico de la cerveza, los videos en pantalla gigante y los baños. Pedí una cerveza y como no tenía con quien hablar, me dediqué a ver los videos.

Me di cuenta que nada había cambiado, la misma música que escuchaba cuando era adolescente continuaba imperando en el mundo del Rock`n`Roll: Black Sabbath, Metallica, Guns`n`Roses, Deep Purple, Poison. Me pregunté ¿Qué significa esto? es decir,  ¿Es la estética del bar? ¿La música de hoy en día no vale la pena? ¿Los videos del siglo XXI son de mala calidad?… Muchas ideas me pasaban por la cabeza, algo así como cuando los adultos van a un espectáculo de magia y no lo disfrutan porque están más interesados en descubrir el engaño o esperan el error del mago, para sentirse superiores a él. Mis elucubraciones eran igual de estúpidas. Lo malo de ir sin compañía a un bar es que cuando dan ganas de orinar, uno debe pararse y arriesgarse a quedarse sin mesa. Sin embargo, esa tarde tenía suerte porque el lugar estaba casi vacío. Mientras orinaba veía un dibujo en la pared: una mujer se apoyaba con sus brazos sobre la tapa del inodoro mientras un tipo la penetraba por detrás, del tipo salía un letrero que decía el nombre de una mujer y lo que parecía ser un número telefónico. Regresé a la mesa y la música me era desconocida. En la pantalla gigante salía un tipo con chaqueta roja, una balaca blanca, y sobre sus dos brazos unas muñequeras blancas; tocaba la guitarra con un estilo muy particular que me cautivó de inmediato, la frase que más repetían los músicos era: Once upon a time in the west. Pregunté quiénes eran y así fue como conocí a Dire Straits. Mark Knopfler era el guitarrista y vocalista de la banda. Después de esa canción volvió la música de siempre. En mi casa busqué toda la información de la banda.

Resulta que desde 1977 hacían música y la versión de Once upon a time in the west pertenecía a un concierto que titularon Alchemy: Dire Staits Live. Esa noche vi todo el concierto, cuando terminó Sultans of swing tenía lágrimas en los ojos; me sentí en el origen de algo, sentí euforia por estar vivo y tener la posibilidad de ver lo que hacían estos músicos. Knopfler y su guitarra son el centro de una obra maestra, el bajista y el otro guitarrista saltan en el escenario como niños haciendo una travesura, el baterista hace caras, sigue el ritmo con la boca; Knopfler a pesar de ser el centro no se distancia del todo y sonríe al público acolitando la travesura de toda su banda. El público no para de aplaudir, todos sonríen y saltan. Mientras los miro pienso que esa noche alguna pareja se reconcilió, otros decidieron tener hijos, algunos encontraron la solución a un problema o tomaron una decisión determinante para sus vidas; otros fueron porque querían celebrar la vida y la celebraron por partida doble. Desde que conocí a esta banda, vuelvo con frecuencia a los videos de Alchemy Live y siento nuevamente el amor a primera vista y que a pesar de todo, la vida es bella.

¡Así comienza este 2015!

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