Los suicidas del fin del mundo

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Foto de la portada del libro “Los suicidas del fin del mundo” vía internet

Fueron doce.

Entre marzo de 1997 y el último día de 1999 se suicidaron en Las Heras doce hombres y mujeres. Once de ellos tenían una edad promedio de 25 años y eran habitantes emblemáticos de la ciudad, hijos de familias modestas pero tradicionales: el bañero, el mejor jinete de la provincia, el huérfano criado por sus tías y sus abuelos.

La lista oficial de esos muertos no existe. Ni el municipio ni el hospital ni el Registro Civil creyeron necesario reconstruirla y entonces todos inventan: fueron veintidós en menos de un año, fueron diecinueve en dos años y pico, fueron tres y la gente exagera.

Pero los de 1997 ni siquiera fueron los primeros. (Guerriero, 27)

 

El libro de Leila Guerriero se publicó en 2005 por Tusquets editores. El género de la historia se inscribe en lo que se denomina No-ficción, es decir, una historia real que se narra con recursos literarios que la apartan del testimonio, la denuncia o el reportaje.

Uno de los ejemplos más conocidos de este género es el de Truman Capote con su obra cumbre A sangre fría, en la que narra el asesinato de toda una familia en un pueblo de Estados Unidos.

Guerriero se sumerge en la vida cotidiana de un pueblo argentino del norte de Santa Cruz, llamado Las Heras para investigar por qué entre 1997 y 1999 se presentaron decenas de suicidios. Para ello la escritora utilizó su mejor recurso investigativo que a su vez determina su prosa narrativa: convertirse en parte del paisaje para poder ser invisible a los ojos de las personas, con ello no interviene en su comportamiento cotidiano porque ante el extranjero maquillamos todo o negamos de alguna manera la realidad en que vivimos.

A lo largo del libro buscamos con la escritora y los diversos protagonistas las causas que llevan al suicidio en el pueblo: falta de trabajo, falta de zonas de recreación, culpa de la compañía petrolera YPF, los indios enterrados que andan por ahí, es un problema psicológico, hay personas con tendencia a suicidarse; falta de pertenencia y de sentido por el pueblo o lo que se llama el síndrome de la valija, es decir, tener la maleta arreglada para irse en cualquier momento.

Sin embargo, a medida que avanzamos y creemos encontrar respuestas, nos alejamos de la explicación o al parecer todas sirven para explicar el fenómeno.

Los datos dicen, pero nunca explican. Los datos de la Organización Mundial de la Salud dicen que hay un millón de muertes anuales por suicidio en todo el planeta. Los de la Organización Panamericana de la Salud, que el 65 por ciento de los suicidios se encuentran asociados a la depresión y que son la tercera causa de muerte en varones y la cuarta en mujeres de 15 a 24 años.

Según el Indec, en Santa Cruz viven exactamente 196.876 personas, el 0,5 por ciento de la población del país.

Los últimos datos de la Asociación Argentina de Prevención del Suicidio, elaborado en base a las Estadísticas Vitales del año 2002 del Ministerio de Salud de la Nación, aseguran que Santa Cruz es la tercera provincia con la tasa más alta de suicidios de la Argentina (con una tasa general del 8,38 por cien mil), después de La Pampa (15,22 por cien mil) y Chubut (15,18). La tasa de defunciones por suicidio correspondiente a Santa Cruz para el año 2002 es del 14,70 por cien mil.

Pero Las Heras es una ciudad acostumbrada a no contar con datos propios. (Guerriero, 61).

Los suicidios que se presentan en Las Heras no tienen una edad determinada, cualquiera puede hacerlo. Lo único en lo que hay coincidencia es en la forma: Volándose los sesos con una pistola o ahorcándose. Lo irónico de todo esto es que los medios de comunicación nunca registran nada de ese lugar; es como si no existiera un sitio donde yace petróleo.

La escritora no solo se enfoca en los muertos sino también en las víctimas. Muestra cómo viven después del suicidio de un ser querido y sobre todo la postura que toman frente a la vida. Muchos decidieron ayudar creando grupos de autoayuda, una línea telefónica para ayudar a la resolución de conflictos o para establecer metas grupales a corto plazo que se puedan realizar; evidentemente el trabajo es voluntario.

El libro me cautivó de principio a fin.

Cuando terminé de leerlo no supe por qué la gente de Las Heras se mató; no comprendo por qué alguien se suicida ni por qué escoge una manera determinada de hacerlo. De inmediato recordé el suicidio de la modelo y presentadora Lina Marulanda porque no deja de impactarme la forma en que lo hizo: arrojándose de un sexto piso, deformándose el cuerpo que había trabajado a lo largo de su vida profesional.

…Cerca de ahí, una sobrina le gritaba a Navarro “Tío, se mató Carolina, se mató Carolina”

  • Cómo se va a matar, decía yo, si hace un rato estaba en casa. Cómo se va a matar si iba a buscar al pibe para una fiesta, si íbamos a ir al acto.
  • como si eso – una promesa, un plan, un simulacro de futuro – pudiera ser, una vez más, el escudo infalible contra toda muerte. (Guerriero, 94)

Bibliografía

Guerriero, leila. Los suicidas del fin del mundo. Barcelona: Tusquets editores, 2006.

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