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Imagen vía internet

Si un libro se escribe entre 1969 y 1997, se publica por primera vez en 2012 ¿Decimos que es literatura contemporánea? Esto fue lo primero que pensé cuando inicié la lectura de “Memoria por correspondencia” de Emma Reyes. No tengo la respuesta; lo único que se me ocurre es que el libro tiene un tema que determina el destino de las personas: la educación religiosa. Me atrevería a decir que la literatura contemporánea es aquella que se burla del tiempo, la que se inmiscuye en la cotidianidad y nos habla de cerca.

Cada vez que escribo una reseña me pregunto ¿Qué debo contar del libro? ¿Qué cuento para cautivar e incentivar a otros lectores para que lo lean? No sé y siempre que intento hacer un resumen me siento mediocre. Esta vez voy por la fácil, el libro tiene un resumen que hace Malcolm Deas:

“Veintitrés cartas cuentan la historia de una niña bogotana que nació ilegítima en 1919 y que vivió unos años con su supuesta mamá en la capital, en Guateque y en Fusagasugá, para luego ser abandonada y entregada a un convento de monjas, de donde se fugó cuando dejó de ser niña”. (P, 13) Lo único que agregaría es que está escrito en forma de correspondencia enviada a Germán Arciniegas, no está catalogada como novela sino como obra de no-ficción.

Gran parte de la recopilación de cartas se enfoca en describir la formación que recibió Emma en el convento. Fue lo que más me impacto y lo que más me conectó con el libro. Me pregunto ¿Por qué la educación religiosa tiene que enfocarse en difundir el miedo? ¿Por qué los niños tienen que padecer los miedos ajenos de los adultos? Estoy convencido que muchos de nosotros sin haber crecido en un convento o algo similar, vivimos en el pasado gran parte de la experiencia de Emma. De hecho una de las escenas me quitó la respiración:

“… Empezábamos levantando fuertemente los brazos hacia arriba, luego los poníamos en cruz, luego hacia adelante y terminábamos con los brazos colgando lo largo del cuerpo, con las manos bien abiertas. Pero esos ejercicios iban acompañados y coordinados con unos versos que gritábamos en coro:

– ¡Ánimo, niñas,

Fuera pereza!,

Que trabajando con ilusión,

Pronto tendremos

Fuerzas bastantes

Para ser niñas

Dignas de honor. (P, 177)

Esta escena la viví con mis compañeros del colegio guiados por una monja que se llamaba Sor Mélida. Lo único que cambiaba era el comienzo: ¡Ánimo jóvenes! Y la parte final ¡Para ser hombres!. Me quitó la respiración porque no podía creer que eso también me hubiera tocado a mí y no fue ni siquiera en un seminario.

Aunque Emma no hace juicios de valor sobre lo que está viviendo y percibiendo en el convento, los lectores al finalizar la historia entendemos que fue acumulando experiencias que se convirtieron en las razones para que ella decida abandonar ese lugar y tal acción lo que muestra es un gran juicio de valor, una toma de posición frente a la educación religiosa. Por ejemplo, dos situaciones que quedaran en su memoria son la preferencia de las monjas y de los sacerdotes por la gente adinerada y la manera en que los castigos dentro del convento son la mejor manera de encubrir la esclavitud, es decir, trabajar por la comida y el alojamiento.

Me sentí conectado con Emma Reyes porque la educación religiosa me generó muchos conflictos internos como tener miedo a dos fuerzas sobrenaturales una que encarnaba el mal, el diablo, y a otra que encarnaba el bien, Dios. Por ambos lados perdía. Peor cuando moría porque mi alma le pertenecía a una de esas dos fuerzas  y todo dependía de mi comportamiento que era “guiado” por seres humanos que no se comportaban como santos y muchas veces en contra de la fuerza buena. Cambiando el dicho “con cara pierdo y con sello gana el otro” La condena sería inevitable.

Para finalizar, el libro es muy interesante para volver una y otra vez a nuestra educación religiosa, entenderla, cuestionarla, transformarla, y a mi modo de ver asumir una postura ética frente a la vida en el sentido de reeducarnos para no cometer los mismos errores, los mismos castigos, de pasar de víctimas a verdugos y esto debe estar relacionado con la transformación de la creencia misma: creer o no creer. Por mi parte, pienso que ninguna opción es mejor que la otra, cualquiera de las dos representa una forma de ver y vivir en el mundo.

Hace muchos años yo decidí no creer y como Emma Reyes estoy parado a la salida del convento mirándole el culo a dos perros.

2 Comment on “Memoria por correspondencia

  1. Pingback: Memoria por correspondencia | Revista Artefacto Bloqueado

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