DESEO

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Foto vía internet

Leer a Jelinek es incómodo y confuso. Lo primero por la manera en la que describe el comportamiento del hombre. Lo segundo porque su prosa se entremezcla con lo poético, lo grotesco y el resentimiento.

Las primeras páginas de “Deseo” están dedicadas a exponer sin escrúpulos el comportamiento sexual de Hermann, llamado en muchas ocasiones el director, la descripción a veces parece un ajuste de cuentas con el género masculino que colinda con el ridículo y deja en evidencia el sometimiento y la condición de su esposa, Gerti. Hermann luego de serle infiel por mucho años, se despierta en él un deseo insaciable hacia su mujer que se manifiesta sometiéndola a todas sus fantasías y perversiones.

El comportamiento de Hermann es complejo no porque las infidelidades despierten el deseo hacia su mujer, sino que lo agobia la posibilidad de una enfermedad de transmisión sexual ya que nunca le importó ni con quién se acostaba ni protegerse y esto hace que quiera someter a su esposa a todo lo que él ha deseado:

“El hombre la conduce al baño, le habla tranquilizador y la dobla sobre el borde de la bañera. Hurga en sus matorrales, para poder entrar de una vez y no tener que esperar a la noche. Separa su espesura, su ramaje. Los fragmentos del vestido le son arrancados. Cae pelo en el desagüe. Se le golpea fuerte en las posaderas, la tensión de ese portal ha de ceder de una vez, para que la masa pueda precipitarse, bramando y patinando, sobre el buffet, esa hermosa alianza de consumidores y consorcios de alimentación. Aquí estamos, y se nos necesita para el servicio. A la mujer se le tiende un órgano del mismo tipo, del mismo valor o similar. ¡El hombre le abre súbitamente el culo! No necesita más, a excepción de su magnífico salario mensual. Su esqueleto se estremece, y derrama todo su contenido, mucho más de lo que podría ganar en dinero, en la mujer; cómo podría no sentirse conmovida por ese rayo.” (Jelinek, 20)

“El hombre agarra con la mano su tranquilo paquete y llama con él a las sorprendidas puertas traseras de su esposa. Ésta oye venir el coche de sus riñones ya desde lejos. Empieza a no albergar ningún sentimiento dentro de sí, ¡pero tenemos un maletero! El pesado montón de genitales penetra, no hay que preocuparse por los olores. Los colchones, convincentemente cubiertos, no se libran. Como ciega, la mujer recauda protección del escupiente expendedor del hombre, que ordeña sus pechos. Quedémonos en casa, los árboles han lanzado la hojarasca desde las montañas. Este hombre siempre verde no tiene que protegerse con esta mujer, está amablemente recogido, sin nubes negras en el cielo. Qué a gusto habita la propiedad entre nosotros. No puede asentarse en mejor sitio que bajo nuestras partes sexuales, que gimen como las rocas sobre la corriente.” (Jelinek, 26)

En estas citas se evidencia un poco el estilo de Jelinek. Las escenas sexuales son descritas crudamente, lo poético que podemos encontrar en ellas es por las analogías que hace con los animales, lo escatológico, la precariedad del contexto en donde se desarrollan. Además de ello, intenta definir la esencia de los géneros: el hombre como un tanque lleno de semen que sólo está tranquilo cada vez que lo expulsa y la mujer que aparenta ser sumisa, noble, pero que disfruta del maltrato, del sometimiento y hace de ello un poder invaluable, un engaño imposible de descubrir.

Uno de los giros de la novela es cuando Gerti consigue un amante: Michael, un joven mucho menor que ella; también la somete, la golpea cuando tienen sexo. Aparentemente él también está cumpliendo sus fantasías. La pregunta que me hice durante todo el libro es ¿Por qué Gerti busca un amante que la trata igual que su esposo? El comportamiento de esta mujer también es ambiguo:

“La mujer quiere huir, escapar a esa apestosa cadena en la que el tronco languidece ante su choza. La mujer ha sido sustraída a la nada, y es marcada de nuevo día a día con el matasellos del hombre. Está perdida. El hombre vuelca sobre él las palas excavadoras de las piernas de ella.” (Jelinek 15)

Gerti parece disfrutar lo que le sucede, pero a veces justifica su sometimiento por su situación económica. Ella es una ama de casa y el hecho de no aportar con los gastos de la familia, los debe cubrir como esclava de su esposo:

“La mujer yace desparramada, abierta al mundo, en el suelo, con alimentos viscosos esparcidos sobre ella, y es subastada por un efecto y varios efectos. Sólo su marido negocia con ella, y negocia completamente solo. Y ya cae en el amueblado vacío de la habitación. Sólo su propio cuerpo le hace justicia, y cuando lo desea puede hacerse oír y retumbar en el deporte. Como una rana, la mujer tiene que abrir las piernas hacia los lados, para que su marido pueda mirar dentro de ella lo más posible, hasta la Audiencia Provincial para Causas Penales, y examinarla. Está por entero bañada y cagada por él, tiene que levantarse, dejar caer al suelo las últimas cáscaras e ir a buscar una esponja para limpiar al hombre, ese enemigo irreconciliable de su sexo, de sí mismo y del flujo que ella ha producido. Él le mete el índice derecho bien hondo en el ano, y con los pezones colgando ella se arrodilla sobre él y limpia, el cabello en los ojos y en la boca, sudor en la frente, saliva ajena en la garganta, la blanca ballena asesina allí ante ella, hasta que la amable luz se pone, llega la noche y este animal empieza a fustigarla de nuevo con su rabo.” (Jelinek 63)

“Deseo” es una novela muy compleja, exigente, densa, aburrida, excitante; oscila entre lo pornográfico, ideas del feminismo y la crítica social. Es un estilo muy particular con el que nunca me había encontrado. El premio Nobel otorgado a su obra en 2004 generó mucha polémica puesto que los lectores se dividieron en dos bandos, los que la aman y la consideran una escritora fundamental y los que la odian por hacer una literatura mediocre que utiliza el sexo crudo como artilugio para sus ventas. Uno de los jurados del premio renunció por este reconocimiento a la escritora.

Además del estilo, Jelinek nos deja un número considerable de preguntas, entre ellas ¿Hasta dónde hemos explorado nuestra sexualidad? ¿Qué significa la infidelidad? ¿Por qué el sexo es un factor que ha determinado el poder masculino en la sociedad? ¿Cómo entender o de dónde provienen las fantasías sexuales del género humano? ¿Por qué no cumplirlas? Jelinek nos provoca y entramos en el juego porque es inevitable no hacer juicios morales sobre lo que sucede en la historia. Sin embargo, si nos alejamos de los actos sexuales que representan Hermann, Gerti, Michael, pareciera algo ingenuo, desprovisto de todo juicio porque precisamente nada allí es racional. El problema no es el acto sexual sino todo lo que le ponemos encima para censurarlo y no sentirnos como animales.

Para terminar, no estoy de ninguno de los dos bandos de lectores de Jelinek, pero confirmo que es una escritora que a veces nos cambia el ritmo de la respiración y no se olvida tan fácil.

Otras citas de “Deseo”:

“Los hombres, esa obra sobre la tierra, y quieren seguir construyéndola. Para que sus mujeres los sigan reconociendo en sus obras cuando se jubilen. Pero en los fines de semana, los dioses se vuelven débiles. Entonces no se suben al andamio, sino al podio del bar, y cantan bajo presión, como si los muertos pudieran volver y aplaudirles. Los hombres quieren ser más grandes, y lo mismo quieren sus obras y valores. Sus edificaciones.” (Jelinek 8).


“El director se ve incansablemente aguijoneado por su cuerpo y por las frivolidades de la prensa. Se toma libertades, por ejemplo gusta de orinar, como los perros, contra su mujer, después de haber hecho con ella y sus vestidos una montañita que poder descender más empinadamente. La escala del placer está abierta por arriba, para eso no necesitamos árbitros. El hombre utiliza y ensucia a la mujer como al papel que fabrica. Se cuida del bienestar y del dolor en su casa, saca ansioso su rabo de la bolsa antes aun de haber cerrado la puerta.” (Jelinek 55)

“El sexo, exactamente igual que la Naturaleza, no se puede disfrutar sin su apéndice, sin su pequeña banda de productos y producciones. Se le rodea amablemente con artículos de primera calidad de la industria del textil y de la cosmética. Sí, y quizá el sexo sea la naturaleza del ser humano, quiero decir, que la naturaleza del hombre consista quizá en correr detrás del sexo, hasta que, visto en su integridad y en sus limitaciones, se vuelve tan importante como él” (Jelinek 65)

 

Bibliografía

 

Jelinek, Elfriede. Deseo, Madrid: Editorial Planeta., 2004.

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