Una historia sencilla

1825584_n_vir1

Bailador de Malambo – Foto vía Internet

La fascinación que me produjo la lectura de “Los suicidas del fin del mundo” fue suficiente para salir corriendo a buscar otro libro de Leila Guerriero.

Esta vez la historia se ubica en Laborde, Argentina, y la escritora se propone narrar una de las tradiciones más importantes de esta región, la competencia de baile folklórico: el Malambo.

Como ella misma lo explica, su interés estaba en esa competencia que si bien comenzó a celebrarse desde 1966, no es un acontecimiento de interés nacional, ni mucho menos internacional. En la búsqueda de cómo contar la historia, la escritora se percató de un detalle que determinó la manera en la que lo iba a hacer, esto es, a través de uno de sus protagonistas. Dicho de otra manera, contar la competencia en términos generales sería elaborar un registro, algo parecido a una noticia; en cambio si se focalizaba en uno de sus participantes lograría darle un matiz mucho más profundo, más humano, es así que Rodolfo Gonzáles Alcántara es el puente que conecta a la escritora con esta competencia.

El festival es el acontecimiento más importante en la vida de un bailador de Malambo, ganarlo es consagrarse como un semidiós porque esta competencia requiere de una preparación física y mental mucho más alta que la de un deportista profesional. Por ejemplo, el esfuerzo que hace Usain Bolt durante 9 segundos que puede durar su competencia, Gonzáles Alcántara debe hacer el mismo esfuerzo físico durante 5 minutos asumiendo un personaje, una actitud: la del gaucho.

La parte que se nos hace compleja de entender es ¿Por qué tanto sacrificio? Los participantes son de estratos sociales bajos, su educación de mayor nivel ha sido el bachillerato; además el premio que se recibe es intangible: el prestigio para toda la vida. Lo explico mejor: el ganador del Malambo se convierte en una celebridad local, no recibe dinero por su logro, el premio le garantiza que tendrá trabajo como profesor de baile o entrenador para el mismo concurso que ha ganado. Digamos que esos son los derechos del ganador. Ahora bien, los deberes se reducen a uno solo: no puede participar nunca más en otro concurso de baile.

El detrás de cámaras es fascinante: los nervios de los participantes, la talla de los zapatos que utilizan son dos tallas por debajo de las que habitualmente se ponen, el atuendo debe ser coherente con la actitud y el baile, las supersticiones, las presiones y un largo etcétera que me hizo sentir en una batalla griega de las que contaba Homero.

La pregunta que alguien me podría hacer es ¿Por qué le gusta una historia de ese tipo? No es un interrogante que se de fuera de lugar porque aparentemente tanto el lugar como esa tradición nada tienen que ver conmigo. Solo que en la forma en la que se cuenta la historia, la escritora logra sumergirme de tal manera que todo pareciera que tuviera que ver conmigo. Me permitió ver el detrás de cámaras de mi propia vida porque al parecer cada día nos estamos preparando para un gran acontecimiento que como el Malambo, se vive y se prepara en silencio, y muchas veces la ganancia más allá de la fama o del dinero tiene que ver con honrar la vida.

Guerriero lo dice mucho mejor en una entrevista que se publicó en el segundo número de la revista buensalvaje:

“Yo creo que lo que sucede es que este no es un libro sobre el malambo, tema que les hubiera interesado a cuatro personas y a mi. La competencia a la que se presenta el protagonista del libro pone, como condición tácita, que, una vez consagrados campeones, los bailarines que participan ya no pueden volver a presentarse en otra competencia de malambo nunca más en su vida. Entonces por un lado, este es un libro sobre el esfuerzo de un hombre que quiere alcanzar algo – ser campeón – y, por otro, un libro de un tipo que avanza con alegría hacia su propia inmolación, alguien que sabe que, para ganarlo todo, tiene que estar dispuesto a perderlo todo. Y a mí me parece que esa ideíta – un tipo que todos los días se levanta e insiste tozudamente en alcanzar el sueño que lo mantiene vivo aun cuando sabe que, una vez alcanzado, ese sueño va a llevárselo todo con él – es bastante universal desde los griegos. Creo que todo texto que logra trascender lo local trabaja, de fondo, con una idea universal bien gruesa.”

A continuación el video del campeón del Malambo 2012 Rodolfo Gonzáles Alcántara:

2 Respuestas a “Una historia sencilla

  1. Un día estaba sentado tomándome una cerveza con una amiga. Luego de algunas horas de estar hablando con ella me levanté y dije que me iba y entonces llegó su madre, su padre y su hermana en un estado tal de ebriedad, que mi amiga no pudo disimular su vergüenza. Gigi ─dijo ella─, gané un concurso de baile. Y qué ganaste, preguntó mi amiga. Su madre se quedó parada intentando sostenerse erguida. Nada, pero gané, contestó ella y vi en su cara una felicidad que nunca había visto.

    Este texto de Daniel me hizo recordar esa historia. No sé si la madre de mi amiga sintió ese ritual de inmolarse del que habla Leila Guerreiro, pero agradezco a Daniel este texto porque con él recordé la simplicidad de la respuesta de la madre de mi amiga.

    Saludos

    • Hola John. Ese tipo de historia que me cuenta parece sacada de un libro de no-ficción. Este género ha sido un descubrimiento muy grato para mí, sobre todo este año. Alimenta mucho la creatividad y da claves de estilo para quienes queremos escribir. ¡Gracias!

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s