nino

Foto vía Internet

Desde hace varios años decidí asistir a la feria del libro de Bogotá los días de menor concurrencia; lunes o martes son los que más me gustan. infortunadamente no pude en estos días y me tocó el miércoles, sin embargo pensé que no habría mucha gente.

Soy como los católicos en día domingo, me vuelvo neurótico cuando ingreso en mi templo, me gusta ver las repisas llenas de libros en silencio, leer la solapa de alguno tranquilamente. Ese día no lo pude hacer porque el lugar estaba lleno de estudiantes de colegio; por momentos me distraía observándolos y me preguntaba por qué estaban allí, se comportaban como en un partido de fútbol sin balón, corrían de un lado a otro, gritaban como si estuvieran haciéndole barra a alguien; muchas de las personas que estábamos no podíamos caminar tranquilamente o nos encontrábamos en un estado permanente de zozobra. Esto me sucedió en el Stand de promociones de la editorial Panamericana; es uno de los lugares en los que sagradamente hago mi peregrinación, pero esta vez fui expulsado del paraíso.

Por fuera de los pabellones había muchos más, al partido de fútbol imaginario se sumaban las barras de los techos móviles que siempre hay por toda la feria para proteger a las personas de la lluvia o el sol. Los estudiantes los utilizaban para brincar las barras de hierro de un lado al otro. Pensé que al salir me encontraría con la paz y me encontré con la retaguardia de la guerra.

En medio de los gritos y esquivando cuerpos como si fueran balas, pensaba ¿Cuál será el objetivo de que los traigan a la feria del libro? en ese momento me sucedió algo que no he podido explicarme: Vi a una mujer joven en silla de ruedas; recordé su rostro y su cabello  inmediatamente. Esa mujer años atrás había llegado directamente al stand en donde yo me encontraba promocionando mi libro, tomó un ejemplar, lo pagó y se fue, la editora alcanzó a decirle que yo estaba ahí y que si quería yo se lo podría firmar. La mujer al parecer es sorda o no sé. Lo que no me he podido explicar es por qué la reconocí y por qué me dio alegría verla de nuevo. Empero, como en la escena de “The Matrix: Revolutions” cuando Neo y Trinity van solos en una nave hacia el mundo de las máquinas y por un segundo salen de las tinieblas y se encuentran en el cielo como una analogía con el paraíso, volví a la guerra.

Mi experiencia este año en la feria del libro no fue la mejor porque todas mis ideas estuvieron centradas en pensar ¿Para qué los traen? muchas respuestas tuve en mente.

Para que los maestros puedan descansar de estar encerrados en el mismo espacio la mayor parte del día; para que el gobierno se jacte diciendo que nuestro sistema educativo se enfoca en el contacto con la cultura desde temprana edad y visitar la feria del libro es una muestra de la modernización del país porque los estudiantes ya son sujetos activos en su aprendizaje.

Pienso que esta estrategia es confusa y más que generar cultura, gusto por la lectura y adquisición de libros, es otra muestra de la necesidad de ser cool, de sentirse culto, o de sentirse parte de la alta cultura, de la élite intelectual, como si el simple hecho de asistir los convirtiera en famosos o en “gente muy principal”.

Para esta Gran Estrategia pedagógica deberían tener en cuenta la importancia de respetar el espacio o sino, enseñarles a los estudiantes que pueden jugar al fútbol dentro de una iglesia mientras el sacerdote ofrece la eucaristía.

3 Comment on “Confesiones de un devoto de los libros

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