El oro y la oscuridad

pambele

El perfil que escribió Alberto Salcedo Ramos de Kid Pambelé nos muestra una vida que pareciera la del Quijote al revés. Todo lo que vivió en su carrera deportiva, la suma de fama y éxito, le hizo creer que la realidad era así y por eso aun vive en esa realidad.

Pambelé es la muestra de las implicaciones que tiene el convertirse en un personaje público, porque justo en el momento de alcanzar ese status es como si todos los seres humanos se tomaran la libertad de acceder y modificar su vida a su antojo, esto es, lo que dicten sus frustraciones, rabias, sueños, deseos, hormonas y testosterona. Así las cosas, la primera implicación de ser figura pública es perder la intimidad.

Como si fuera poco, la segunda es peor.

Pambelé se convirtió en el mejor boxeador del mundo y estar en la cumbre le posibilitó tener el dinero suficiente para comprar todo que quería o lo que había soñado tener y hacer toda su vida; además de ello, el número de mujeres que querían estar con él era infinito. Pero llegados a este punto, la primera implicación aparece como el gran hermano de Orwell, como quien dice: “puedes hacer lo que quieras, con quien quieras, pero como eres el mejor debemos informarlo”.

Lo más doloroso de todo este cuento es que cuando Pambelé estuvo o ha estado en las alcantarillas el gran hermano también apareció disfrazado de samaritano y a costa de sus primicias, la imagen del boxeador se fue quemando hasta el punto de generar repulsión, odio y vergüenza.

¿Alguno de ustedes se imagina en esa posición? ¿No creen que a uno se le puede “correr el shampoo”?

El libro de Salcedo Ramos me gustó mucho porque desde el comienzo el escritor nos hace saber que es una obra fallida, porque Pambelé no se deja agarrar, esquiva las preguntas como si estuviera en un combate y desaparece victorioso. Dicho de otra manera, las entrevistas que le hace el escritor al boxeador pareciera que se dan dentro de un cuadrilátero en el que Pambelé, como lo describen en el libro, utiliza una de sus técnicas ganadoras: retrocede dando golpes, cansa al adversario y finalmente lo derrota. El libro logró hacerle un gran homenaje a Pambelé sin proponérselo porque la información que tanto anhelamos saber de la boca del boxeador nunca llega y eso convierte lo que leemos en una pelea de boxeo; algo así como, y esta es mi interpretación, Salcedo Ramos perdió pero el libro ganó.

La pregunta que está en la columna vertebral de toda la historia es ¿Qué le pasó a Pambelé? las hipótesis van desde un problema mental heredado de su madre, las drogas y el alcohol, hasta la intervención del diablo que lo tiene como rehén. Palabras simples, no hay respuesta.

Por otra parte, sumergido en la lectura recordé un documental Facing Ali en el que escuché que un boxeador cuando llega a la cumbre se pierde porque su hambre ha cesado y no tiene un horizonte a dónde mirar; en ese instante comienza a decaer. Esta frase me retumbó en los oídos cuando al final del libro se encuentran Pambelé y mano´e´piedra en un coliseo para presenciar una pelea. Todos los vítores se los lleva este último y a Pambelé lo abuchean, lo insultan, lo expulsan, en su propia iglesia. En ese instante pensé que Pambelé después de llegar a la cumbre se había trazado un nuevo horizonte, esta vez un plan fallido, una mala estrategia, la de inmolarse, desprestigiarse él mismo, para que sus logros salieran a flote y volver a estar en la cumbre.

Toda esta historia de Pambelé me dio varias ideas en las que pensar. La primera es que no tengo ni la más mínima idea de la relación que establece un deportista profesional entre su mente y su cuerpo. Por ejemplo, los skaters deben engañar al cerebro sobre el dolor que siente su cuerpo tras una caída y así no quedar paralizados. O en el caso del boxeo, no comprendo cómo hacen para orinar sangre y no desmayarse o gritar de la impresión.

Lo segundo, fue preguntarme cómo hacen los famosos para lidiar con la fama. No debe ser sencillo tenerlo todo al alcance de las manos, por ejemplo en el caso de los hombres, que todas las mujeres (actrices, modelos, deportistas, ministras, secretarias, amas de casa, toooooodas) quieran acostarse con ellos y los asedien todo el tiempo. ¿Cómo hacen para construir sus relaciones? ¿Cómo hacen para construir o conservar su familia? Con el papel que han jugado los medios en la vida de Pambelé me doy cuenta que es muy fácil criticarlos, crearles una imagen de brutos o lo que sea, pero ¿Alguno de ustedes se imagina estando en esa posición? ¿Podrían soportar ese voltaje y nunca equivocarse? ¿Nunca caerían en ninguno exceso?

Nota final: El cierre del libro es fascinante porque Pambelé retó a pelear al escritor, y como este lo dice muy bien, el personaje se rebela y reclama al escritor una vida que le pertenece. Cuento la anécdota escuetamente porque vale la pena leerla completa.

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