Con licencia para beber

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Ayer fui al lanzamiento del libro “008 contra sancocho” del escritor caleño Hernán Hoyos. La presentación estuvo a cargo de @sandroromerorey y @marcelventura.

Hernán Hoyos es un escritor del que poco se conoce, ha despertado todo mi interés porque como lo dijo uno de los presentadores es un caso aislado, sui generis, del panorama literario en Colombia. No estoy seguro de la fecha en la que comenzó a publicar, me atrevo a decir que es alrededor de la década del 50-60; de hecho este libro es de los 70´s.

A Hoyos lo leí el año pasado gracias a mi amigo @eskrraga, uno de los editores del blog literario milinviernos que se fue hasta Cali para entrevistarlo; como obsequio  me trajo dos de sus obras “Se me paró el negocio” y “Sor terrible”.

La trama de esta última es sobre una monja que estando dentro del convento se despierta su deseo sexual y no le importa si es con un sacerdote o con una de sus compañeras; la angustia recae sobre ella porque no comprende por qué un placer tan sublime es un pecado, ni por qué el goce del cuerpo se debe evitar. ¿En qué afecta esto la creencia? el lenguaje es similar, no la temática, al de “Se me paró el negocio”:

“Cumplí  la cita con su reverencia de nuevo, interesada más en el dinero que en su cosita, por completo inadecuada para satisfacer a una mujer robusta y apasionada como yo.

Se repitió el itinerario de la vez anterior y su reverencia me llevó a su celda de nuevo. Ahora tenía en la pieza una botija de vino y una caja de galletas.

Yo mordía galleta, bebía vino y lo pasaba a su reverencia. Pronto nos pusimos alegres. Reíamos y bromeábamos. Cuando su reverencia comenzó a desnudarme le ayudé desabrochándome e hice lo mismo con su bragueta.

Creo que ahora si trató de meterme su cosita. Pero yo estaba virgen y con eso a duras penas podía desflorar a una gallina. Se me subió, me puso almohadas bajo las nalgas, sudó, se esforzó y alcanzó a meter la cabeza de su verguita entre los labios. Pero sólo llegó hasta allí. Se vino de nuevo y dejó mis partes íntimas apegotadas.

Le pedí permiso para usar su ducha. Él se quedó pensativo y bebía más vino”.

No sé en qué año se publicó esto, porque el libro no tiene ninguna fecha; sé que es en la época del boom latinoamericano, es decir, en el momento en que la preocupación de los escritores era el descubrimiento de nuestra identidad, el manejo estilizado del lenguaje, la experimentación formal, la elaboración y divulgación de nuestra historia y la comprensión de la política.

Hernán Hoyos aunque publicaba artículos y crónicas en el diario Occidente de Cali y uno de los periodistas más conocidos del medio, José Pardo Llada,  lo promocionaba como “alguien simpático”, era evidente que estaba en otra sintonía desde su estilo y sus preocupaciones hasta la manera en la que comercializaba sus propios libros. Su particularidad no para de crecer.

Sandro Romero contó que “se decía” que Hoyos tenía tres máquinas de escribir; simultáneamente escribía tres novelas, para descansar de una seguía con la otra y así sucesivamente, esa era su metodología de trabajo. Posteriormente, cuando terminaba una obra salía a una imprenta y pagaba los servicios de impresión, luego con los ejemplares en una maleta y una bolsa llena de monedas salía a venderlos a los kioskos de su ciudad; fue así que con el voz a voz se convirtió en un best seller; en el contexto literario regional no era bien visto que se le colocara al mismo nivel Gardeazábal, recién premiado en Europa con “Cóndores no entierran todos los días”, de Valverde o Cruz Kronfly. Según Romero Rey, Andrés Caicedo decía: “Chévere lo que hace ese man, me gusta lo que hace ese man”.

Hernán Hoyos como si fuera el Morelli de Rayuela, se convirtió en el creador de un mundo clandestino, revolucionario, transgresor, del que muchos se reunían para hablar porque no estaba ceñido al canon literario emergente, sino que por el contrario invitaba a la imaginación a romper con el tabú sexual mostrándolo en toda su crudeza y con todas sus implicaciones. Cabe resaltar que el sexo era un tema prohibido y la circulación de las revistas eróticas o de Playboy eran precarias, además de ello las salas de cine rojo eran un espacio en el que las personas se exponían al señalamiento y al escarnio público. Por eso era que la circulación de la literatura de Hernán Hoyos tenía tanto auge y era clandestina, porque representó una manera de estar en contra del tabú sexual y una forma de liberarse.

En esa medida, no estoy deacuerdo con mirarlo por debajo del hombro o como algunos lo llaman baja literatura, porque detrás del sexo siempre hay algo que devela temas de la condición humana. ¿Alguno de ustedes ha pensado el conflicto existencial que puede tener una monja frente a su deseo sexual?.

“008 contra sancocho” la compré ayer en el lanzamiento y espero hacer una reseña.

Por lo pronto, sigo pensando que la figura de Hernán Hoyos es muy importante para comprender parte de la historia literaria de Colombia en múltiples aspectos desde el estilo, temáticas, en la dicotomía alta/baja literatura, hasta la edición, la promoción y distribución de sus libros.

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