La profundidad de la sutileza

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Foto vía internet

El Quijote es uno de los libros que siempre está presente no solo en el ámbito literario sino en la vida cotidiana, muchos utilizan el adjetivo quijotesco para designar una empresa imposible o una acción que requiere de un gran esfuerzo; el Quijote nunca se olvida o es un libro sobre el que después de cada lectura alumbra la historia de la literatura posterior a él.

Algo así como todos los caminos conducen al Quijote.

Lo estoy releyendo y para mi sorpresa (no sé si la crítica literaria ya le dedicó páginas a esto) me encontré una propuesta estética que se desarrolló tanto en lo teórico como en lo práctico en el siglo XX.

En el prólogo hay una parte titulada: Al libro de don Quijote de La Mancha y un subtítulo URGANDA LA DESCONOCIDA:

Si de llegarte a los bue-,

libro, fueres con letu-,

no te dirá el boquirru-,

que no pones bien los de-.

Mas si el pan no se te cue-,

por ir a manos de idio-,

verás de manos a bo-,

aun no dar una en el cla-,

si bien se comen las ma-,

por mostrar que son curio-.

En ese breve texto de dos páginas, Cervantes magistralmente resume toda la historia del Quijote que desarrollará después; sin embargo, a ese ejercicio de síntesis le agrega una de esas sutilezas que lo han hecho perdurar en el tiempo.

El juego de las palabras incompletas suponen de entrada un texto mal escrito o hermético cuyo significado es difícil de comprender. No obstante, la sutileza es una apelación al lector para que se concentre en lo que lee; dicho de otra manera para poder comprender el significado es fundamental que participe, complemente la obra y la transforme.

Este es mi intento:

Si de llegarte a los buenos,

libro, fueres con leturas,

no te dirá el boquirrubio,

que no pones bien los dedos.

Mas si el pan no se te cuece,

por ir a manos de idiotas,

verás de manos a botas,

aun no dar una en el clavo,

si bien se comen las manos,

por mostrar que son curiosos.

Recordando cositas…

En 1944 Borges publica un cuento titulado “Pierre Menard, autor del Quijote” en el que construye una nueva concepción de la escritura a través de la lectura; los libros se reescriben con la lectura porque cada lector tiene unos códigos que le permiten dar un nuevo significado.

En 1962 Umberto Eco publicó “Obra abierta” en el cual expone la idea de que la lectura es el ejercicio mediante el cual el lector da vida al libro en la medida en que lo interpreta y hace parte él. Ninguna obra tiene una sola interpretación.

En 1963 Cortázar publica “Rayuela”, en los capítulos prescindibles a través de su personaje Morelli propone la lectura en dos niveles: El lector macho y el lector hembra. El primero es aquél lector activo que no se queda con todo lo que le da el narrador sino que lo cuestiona, lo complementa, lo reelabora e incluso es el que decide cómo, cuándo y hasta dónde quiere leer. El lector hembra es todo lo contrario, tiene una actitud pasiva; (este concepto le valió la quema del libro y la aversión de varias feministas) Uno de los ejemplos lo podemos encontrar en el capítulo 34 ya que para comprenderlo debe leerse intercalando los párrafos.

En 1965 Cabrera Infante publica “Tres tristes tigres” una novela compleja que apela por la atención permanente del lector. En una de sus páginas debemos tener un espejo para poder leer lo que sucede allí.

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Cervantes sigue encontrando herederos que asumieron llevar su antorcha.

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