Narco Tours

narco tours medellín

Foto de las 2 Orillas

Lo peor del narcotráfico no son las drogas. Esa guerra está perdida desde que comenzó. Las drogas estarán siempre en la vida de los seres humanos, como adicción o como recreación, porque el uso es diverso y en ese sentido siempre cumplirá una función: dormir, reir, desconectarse, optimizar el trabajo, mejorar el sexo, calmar la ansiedad, ampliar la percepción de la realidad, concentrarse, para la rumba e incluso para matar, entre otros, que sin señalamientos morales, son útiles. Evidentemente para muchos no son necesarias, son malas, y una cantidad de argumentos vacíos, que van en contra y sobre los que una persona justa se preguntaría ¿Cómo saben que son malas si no las han probado? a lo que en muchas ocasiones me han dado la respuesta de cajón: “Yo una vez probé la mariguana y me dio taquicardia, vomité, mejor dicho casi me muero”; lo curioso es que nunca se cuestionan sobre los efectos del alcohol y los daños que les ha causado morales o físicos, y por un mal viaje con las drogas juzgan su efecto con el rasero del Antiguo Testamento y por el contrario al alcohol con la mirada benevolente del Nuevo Testamento.

Vuelvo al inicio. Lo peor del narcotráfico no son las drogas. Son las prácticas culturales que se han enquistado en la sociedad. Tal vez sea un cliché escribirlo, pero se ha confundido “malicia indígena”, un término despectivo de los colonizadores para tratar de estigmatizar unos comportamientos que no entendían y querían hacer pasar por negativos, con ser “avispao” “Ser vivo y no ser bobo”, es decir, con una filosofía de vida que tiene como objetivo sacar ventaja ante cualquier situación sin ningún tipo de cuestionamiento moral. Ejemplos hay muchos, desde lo sucedido en el mundial de Rusia 2018 con los colombianos que entraron licor al estadio o el que se aprovechó de las orientales que no sabían español, hasta los colados en transmilenio, los que no rectifican las vueltas cuando les dan de más. Esta filosofía se hace plausible en el narcotráfico en la manera en la que se obtiene el dinero. Hagamos cuentas: en tal lugar me están pagando tanto al mes, si llevo esta mercancía a tal lado me gano en un día lo que me están pagando por tres meses. El silogismo parece estúpido, y seguramente lo es, pero si hacemos cuentas, de allí salen todas las ventajas de “ser vivo” y de aprovechar la oportunidad. Es triste pero es real. La inversión del tiempo en el trabajo tanto legal como ilegal no corresponde con el salario obtenido y en eso el crimen sí paga. Infortunadamente esto es lo que ha hecho carrera en el imaginario social.

Sin embargo, asumir la filosofía del “avispao” no es lo peor, tal vez lo más común. Y con esto vuelvo al inicio. Lo peor del narcotráfico no son las drogas. Son las formas en las que los narcotraficantes ganan respeto, ganan terreno; recuerdo el impactante libro del escritor mexicano Sergio González El hombre sin cabeza: “La guerra de los traficantes de droga llegó a su clímax aquí cuando aparecieron restos de cuerpos descuartizados y las decapitaciones. lo que era secreto, se convirtió en un alarde de retos explícitos entre los bandos enfrentados. Se desató una oleada de cadáveres que utilizó como adorno los mensajes escritos, o bien se multiplicaron los mensajes corporales sin letra de por medio. Incluso, al asesinar a dos personas en la Costa Grande, los sicarios advirtieron que la gente debería evitar el uso de vidrios oscuros en sus coches para evitar confusiones.”(1)

La decapitación es una de las formas en las que el narcotráfico intimida a sus opositores, desacraliza el cuerpo de los enemigos como muestra de su absoluto dominio que se ve confirmado en la resignificación total del cuerpo. Son capaces de hacer esto los dueños de la vida y de la muerte. Continúa González: “Decapitar es también un acto de furor fundamentalista, y quien lo consuma quiere hacer evidente a los demás su absoluto desprecio por el orden y las normas de cualquier tipo. El decapitador se asume mensajero del lado oscuro de la humanidad, se ve como el reimplantador del reino de la muerte y el salvajismo vasto que nombra la destrucción e impone un sentido negativo en el mundo.”(2)

Todo lo anterior es un resumen de lo que sentí después de enterarme de que en Colombia existen “Narco Tours”, concretamente en Medellín y específicamente sobre Pablo Escobar. Es algo que me hace cuestionar mucho porque a veces siento que el que no ha entendido nada soy yo (no lo digo ni con ironía ni con falsa modestia) ¿Que le ven las personas a este tipo, aun después de muerto? ¿Por qué Popeye es tratado como un ídolo? ¿Por qué siguen los medios de comunicación lucrándose con series y telenovelas sobre el narcotráfico? Mi cuestionamiento no es solo que esto exista en mi país y en la manera en la que pensamos los colombianos sobre el tema, también en no saber las razones por las cuales los extranjeros quieran venir a Colombia a hacer un tour narco. Vale aclarar que esta atracción turística es una apología y una celebración, no una denuncia ni un deseo de construcción de memoria histórica.

Para terminar. Recuerdo que en la película de Oliver Stone “Asesinos por Naturaleza” Mickey y Mallory eran vistos como héroes, íconos de la delincuencia, que como pasa con Popeye en Colombia, muchos querían una foto con ellos o les hacían arengas de aprobación. Nuestra realidad es peor porque él ni siquiera tiene a una Juliette Lewis a su lado. Al parecer el sicario colombiano se ha convertido en todo un ícono, con una influencia fuerte en las redes sociales, lo que me lleva a preguntarme si todos los que lo siguen, lo alaban o le piden autógrafos, ¿serán asesinos frustrados? ¿No sería más importante pensar en lo que representa él, los narco tours, y todo el velo que nos ha dejado el narcotráfico? Evidentemente esto no se piensa porque de lo contrario los Narco Tours no existirían; o por lo menos hacer algo frente a esto, por ejemplo, dejar de ver telenovelas que traten ese tema y si es de mucho interés, investigarlo en fuentes bibliográficas que no se fundamenten en el rating.  

Espero que escuchen esta crónica en la que nos enteramos de los famosos Tours: http://radioambulante.org/audio/narco-tours

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(1) González Rodríguez, Sergio. El hombre sin cabeza. Barcelona, Anagrama, 2009. P. 15.

(2) González Rodríguez, Sergio. El hombre sin cabeza. Barcelona, Anagrama, 2009. P. 60.

  

     

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