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“Los días del abandono” se publicó en 2002, es una novela corta que hace parte de una recopilación de tres novelas que la Editorial Lumen hizo en 2011 que tituló “Crónicas del desamor”.

La historia es narrada en primera persona por Olga, una mujer de 38 años, con dos hijos Gianni e Ilaria y un pastor alemán llamado Otto, es aspirante a escritora, pero ve todo frustrado en el momento en que Mario, su esposo, decide dejarla e irse con otra mujer mucho más joven que ella. Así las cosas, a las personas a las que les he preguntado ¿De qué trata la novela? me han dicho casi al unísono es una tusa ni la hijueputa.

El primer reto que tuve al leer la novela es el que plantea el narrador en primera persona, el cual tiene el poder de la historia y fácilmente uno puede caer en su perspectiva de las cosas, tomarlas como verdades irrefutables y por ende hacer juicios de valor que no siempre tienen los argumentos suficientes. En ese sentido, la postura de Olga está permeada completamente por el dolor y la ira y ello hace que toda la novela sea vertiginosa, tenga un voltaje de emociones que me haya hecho leer el libro de corrido, sin pausa y con prisa porque no da una tregua.

Olga nos va contando las consecuencias del abandono de Mario y se pueden resumir en que ella se da cuenta que toda su vida giró en los proyectos profesionales de él, en todo lo que él quería hacer, incluyendo el traslado de ciudad y de país. La protagonista se percata que está completamente sola, con todas las responsabilidades del hogar y los cambios que va sufriendo. Ella misma es consciente de ello cuando afirma:  

Empecé a cambiar. Al cabo de un mes había perdido la costumbre de arreglarme, pasé de un lenguaje elegante y cuidadoso a una forma de expresarme sarcástica, interrumpida por risotadas soeces. poco a poco, a pesar de mi resistencia, cedí también al lenguaje obsceno. P199.

Sin Mario en el hogar, no sabe cómo desenvolverse como mamá, como ama de casa o como estar en sociedad; sus hijos y Otto se vuelven una carga insoportable que no quiere tener y cada día que pasa se obsesiona pensando en lo que su esposo está haciendo con la otra, sobre todo lo sexual, esos pensamientos nos ayuda a los lectores a conocer un poco las características de Mario y podemos ser ecuánimes si logramos superar la perspectiva de la narradora. Yo resumiría a Mario en tres momentos.

El primero es cuando vivían juntos y le dio la oportunidad a Olga de convertirse en lo que quería ser, es decir, que se dedicara a escribir, a desarrollarse como escritora sin preocuparse por los gastos del hogar, además le facilitó una empleada doméstica para que tuviera disponibilidad de tiempo completo para escribir. Ella no puede asumirlo y despide a la empleada.

El segundo momento es cuando, ya separados, él ingresa al escondido en la casa mientras ella está recogiendo a los niños en la escuela y saca unos aretes que le había regalado a ella y se los da a su amante, Carla. En este caso la percepción que tenemos de Mario cambia y puede ser dos cosas: o es un maldito o está muerto del susto de enfrentarse al carácter de su esposa. Después presenciamos una golpiza que ella le da a él…       

El tercer momento es tal vez el que más nos marca como lectores y es la ausencia total durante un mes de las obligaciones con los hijos y con el perro, que además es de él.  

En este orden de ideas, creo que la idea central del libro es el amor, o mejor la idea que Olga tiene del amor. Dos citas me ayudaran a desarrollar mejor la idea.

¿Cómo era capaz de dejarme sola, derrotada, mirando con lupa año tras año nuestra vida en común? P205

¡Ay, qué cabeza! Ya no podía fiarme. Mario enterraba, anulaba todo lo que no fuese su imagen de adolescente, de hombre, la forma en que había crecido ante mis ojos con el transcurso de los años, entre los brazos, en la tibieza de los besos. Solo pensaba en él, en cómo era posible que hubiese dejado de amarme, en la necesidad de que me devolviese el amor. No podía abandonarme así. Mentalmente hacía la lista de todo lo que me debía. Lo había ayudado a preparar los exámenes de la universidad, lo había acompañado cuando no encontraba el valor para presentarse, lo había animado por las calles ruidosas de Fuorigrotta, entre el gentío de estudiantes de la ciudad y de los pueblos, sabiendo que el corazón se le salía del pecho, oía sus latidos, veía la palidez que le devoraba el rostro cuando lo empujaba por los pasillos de la universidad. Me había quedado despierta noches y noches con él para hacerle repetir las materias incomprensibles de sus estudios, me había restado todo mi tiempo para sumarlo al suyo y hacerlo así más poderoso. Había dejado de lado mis aspiraciones para que él alcanzase las suyas. Cada vez que sufría crisis de desaliento yo me olvidaba de las mías para reconfortarlo. Me había dispersado en sus minutos, en sus horas, para que él pudiese concentrarse. Me había encargado de la casa, de la comida, de los niños, de todos los avatares de la supervivencia diaria, mientras él remontaba tercamente la pendiente de nuestro origen sin privilegios. Y un día, sin previo aviso, me había abandonado llevándose con él todo el tiempo, toda la energía, todos los esfuerzos que yo le había regalado para gozar de los frutos con otra, con una extraña que no había movido un dedo para parirlo y criarlo y convertirlo en lo que se había convertido. Era una acción tan injusta, un comportamiento tan ofensivo que no podía creerlo, y a veces lo imaginaba inmerso en la oscuridad, sin recordar ya nuestras cosas, perdido y en peligro, y me parecía que lo amaba como no lo había amado nunca, con más ansiedad que pasión, y pensaba que tenía una necesidad urgente de mí. P242-43.

Me parece que la idea que tiene Olga del amor es similar a una transacción, esto es, dar y necesariamente recibir algo a cambio. No es una acción desinteresada y por ende, Mario está en la obligación de corresponderle como ella quiere que lo haga. Desde esta perspectiva el amor no sería un sentimiento bonito que la mueve a actuar sino algo de lo que espera recompensa, además de esto, Olga percibe el amor (o mejor su relación) como algo inamovible, eterno, en el que están obligados a permanecer independientemente de la felicidad o amargura que eso les pueda causar. Con esto vuelvo a la perspectiva del narrador en el sentido en que es una trampa para el lector en tanto nos va envolviendo en sus mismas emociones y olvidamos completamente que ella nunca se autocuestiona, es decir, en ningún momento de la novela ella se pregunta ¿Por qué me dejó? ¿Habré hecho algo para que me dejara? ¿Qué pasó en nuestra relación para que se fuera con otra? ¿Será que me dejó de amar? ¿Se habrá cansado de mi?

Frente a la idea de amor que interpreto en Olga pienso que hay algo que subyace allí y es el problema de la identidad y la alteridad. En el primero, claramente ella al centrar toda su vida alrededor de su esposo dejó de lado sus propias preocupaciones o intereses personales (volveríamos a la falta de autocuestionamiento, porque evidentemente no es culpa de él) y la alteridad es porque en el momento en que su esposo se va de la casa vemos que le es imposible tolerar o aceptar a los demás, el mundo e incluso el perro, puesto que deben comportarse como ella quiere y demanda (en la página 232 le da una paliza terrible a Otto)

Y una tercera idea, tiene que ver con el vecino Carrano que antes de que Mario se fuera de la casa, era alguien con el que nunca quería hablar. Sin embargo, una noche lo busca para tener sexo con él; claramente a ella no le gusta el tipo pero quiere además de vengarse de su esposo sentirse deseada por alguien. La escena es patética y un desastre. Luego de eso, ella se termina odiando por lo que hizo y Carrano a buscarla e intentar ganarse su confianza a través de la cercanía con sus hijos. Hasta ese momento, Carrano es un tipo desagradable, que al parecer huele mal, es un ser solitario… todos los peros posibles. Solo cuando lo ve tocar el Violín en el teatro con la orquesta algo cambia para ella.

La idea es bonita porque nos presenta el arte como redención, como reivindicación, como la posibilidad de ver realmente la esencia de las cosas y de alguna manera la oportunidad de volver a tener esperanza.

Por último, recomiendo leer “Los días del abandono” porque logró envolverme emocionalmente, sentí rabia, desespero, angustia, claustrofobia, frustración, tristeza, y eso es mérito de la narradora que por la potencia de su propia ira logra canalizar esas emociones a través del lenguaje.

Pd: mientras leí la novela nunca sentí alivio ni ganas de reir.

Bibliografía

Ferrante, Elena. Crónicas del desamor. Editorial Lumen, Colombia, 2016.      

 

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