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He estado investigando hace meses la representación que se hace del hombre y de la mujer en el periódico El Espacio (1965-1975) en el que la mujer no sale bien librada y en cierta medida habilita la posibilidad de tratarla de cualquier manera; me interesa esto por las implicaciones políticas que ello conlleva. Es posible que alguien piense que el periodo abordado es muy diferente al de hoy; pero en Colombia, el día de hoy es posible que un congresista le diga a una congresista en el capitolio vieja hijueputa y no pase nada. O que el presidente de un club deportivo diga a la opinión pública que “El fútbol femenino es un caldo de cultivo del lesbianismo” y tampoco pase nada.

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Todo esto me ha ido llevando poco a poco a leer sobre estudios de género, prensa, literatura escrita por mujeres, entre otros. Así las cosas, quise salirme un momento de mi investigación y leer la novela de Katie Kitamura que da título a esta entrada. 

Me proponía hacer una reseña del libro, iba a hacer un seguimiento cronológico de la historia pero cuando volví a leer páginas del libro aleatoriamente, me concentré en el capítulo que más me impactó y preferí enfocarme en él. De forma somera digo que “En el bosque” es una historia que entrelaza un drama familiar en un mundo colonial. 

El drama familiar se presenta en la preocupación del padre en conservar el poder frente a su hijo y sobre los trabajadores que tiene bajo su mando; esto se evidencia en el interés férreo de continuar siendo el dueño de las tierras que le quitó violentamente en el pasado a unos nativos, y por conquistar a Carine una mujer muy joven que llevan los Wallace a una cena con la intención de emparentarla con Tom, su único hijo, con quien termina comprometida una semana después. El compromiso es una farsa porque: “Cada noche, Tom recorre los pasillos y hay una pesadilla de sonidos que surgen del dormitorio de su padre. Gemidos empalagosos y golpes en la noche. Ruidos de succión y gritos animales. El material de las pesadillas que Tom recuerda de su infancia. Y se detiene ante la puerta de su padre. O baja la cabeza y escucha. Es un ruido intenso; la casa y todas sus habitaciones están llenas de objetos como escritorios, alfombras y sofás, pero el ruido le llega como si el edificio estuviera vacío.” (P, 40) Tom como sucede a lo largo de toda la historia se ve envuelto en la burla y el desprecio de los demás por las acciones de su padre, la conquista de Carine será otro ejemplo de ello. Sin embargo, el dolor y la humillación que el padre infringe en su hijo, es proporcional a la lealtad que tiene Tom hacia la familia. Su madre murió cuando era niño, casi no la recuerda.

Ahora si. Capítulo 3. Este inicia con la explosión de una montaña, cuatro días después la lluvia de ceniza será constante y asfixiante, se acumula en el suelo y en algunos sitios llega a la cintura de algunos niños que pensaron que podrían nadar allí. El padre hace una fiesta, por petición de Carine, “Los hombres llegaron sin sus esposas, porque no era una ocasión apropiada para que las esposas viajaran. De pie con la copa en la mano, admiraban las vistas. En general, el viejo no confraternizaba con esos pequeños propietarios. Esos blancos eran dueños de pequeños terrenos, y por ello los tenían por unos codiciosos. Habían sobrevivido a base de fuerza bruta y astucia, y empezaban a asomar la cabeza con los cambios que se estaban produciendo en la provincia. Eran hombres apropiados para esta nueva época de violencia. Era gente informal y flexible, con fama de ser brutal. En sus granjas había peleas, palizas y tiroteos. El viejo decía que eran individuos que no comprendían los límites del comportamiento. Pero a la chica le gustaba socializar y ellos eran lo único parecido a una sociedad que quedaba en el valle. Por eso los habían invitado a la granja.” (P, 44, 45) 

En ese instante lo que está sucediendo de fondo es que los nativos están llamando a la rebelión, esto es, a recuperar las tierras que les quitaron los blancos; así que podría leerse la invitación del viejo como una posible alianza para combatir a los rebeldes. En un momento de la fiesta, antes de que llegaran las esposas en vehículos conducidos por los indígenas, Carine coloca en el gramófono un disco de jazz y comienza a bailar. 1

Luego de esto la fiesta cambia y nos obliga a los lectores a comprometernos con la escena. La primera vez que lo leí estaba completamente seguro que a Carine la habían violado varios hombres; tuve que volver a leerlo para ratificar mi afirmación, encontrar más elementos, convertirme en el disco duro de la farra, pero mi perspectiva cambió y les aseguro que aunque yo estaba sobrio no entendí lo que pasó.  

Una vez llegan las esposas, Carine siente la necesidad de competir; la noche anterior había sido la única mujer, el centro de las miradas. Esa noche se arregla más, serpenteaba entre la gente, se había envalentonado la noche anterior, a ello se suma el deseo borracho de los hombres

“De repente, el viejo se levantó y anunció que se retiraba a dormir. No tenía ni idea de lo que iba a pasar, algo imposible de imaginar desde su arrogancia. Los otros hombres asintieron y lo siguieron con la vista hasta que el viejo desapareció. De sus axilas ascendía un hedor agrio. No habían ido más allá de lavarse la cara y el cuello  en el servicio. Su ropa olía a alcohol y a moho animal. Empezaban a olvidar dónde estaban y a sentirse como en casa. 

Mala señal. El gramófono seguía sonando. La chica bailó por toda la terraza. Los hombres la miraban con malas intenciones y las mujeres, también. La chica no prestó atención a los hombres, pero sí a las mujeres. Soltó una carcajada. Como nunca había tenido esposo, tampoco había experimentado el temor a perderlo. Estaba un poco borracha. Una de las mujeres se levantó bruscamente y cruzó la terraza. 

Las otras mujeres la siguieron. No se quedaría allí, sentadas, mientras sus maridos devoraban a la chica con los ojos. Conocían los pensamientos de sus maridos. Llevaban toda una vida con ellos y sabían de lo que eran capaces. Estaban indignadas, pero su indignación era un disfraz: iban a pasar cosas que no estaban interesadas en ver. Mientras se alejaban, pensaron que ya se habían quedado demasiado tiempo. 

Los hombres se quedaron a solas con la chica, y ella les hizo un número especial para celebrar su victoria. La terraza se llenó de carcajadas” (P, 47)   

Las preguntas me surgieron en la segunda lectura ¿Qué es lo que realmente quiere Carine ya que es evidente que no está interesada en algún hombre en particular? ¿Sentirse el centro de atención? ¿Sentirse deseada? Si está borracha y las esposas conocen muy bien a sus maridos ¿Por qué deciden irse? ¿Cómo entender “la victoria” de Carine y su “número especial”? La situación se torna más complicada. 

Un hombre se acerca a ella, le pone una mano en el hombro; ella sonríe; le baja las dos tiras del vestido, ahora cuelga de sus pezones; ella sigue sonriendo; su rostro parece dudar de algo; se quita los zapatos (entre paréntesis sabemos que lo hace porque le apretaban y no los soportaba más; algo que los hombres que están allí no saben y por lo visto interpretan como algo conectado con el deseo de la mujer en continuar), su rostro parece dudar de algo; ella ríe y en el silencio de la terraza su risa sonó histérica; como hacía un mes que había llegado al campo sabía que no había nada que no pudiera controlar, pero comenzó a dudar: lo que estaba pasando era diferente: 

“Más tarde, recordaría ese momento y se daría cuenta de que podría haber hecho cien cosas distintas, en ese momento como en cualquier otro momento, en ese momento, que era un momento más. Pero la mente se le quedó en blanco… Así que hizo lo que de costumbre. Cuando la mente se le quedaba en blanco, cuando la enfermedad se declaraba, cuando la piel le empezaba a quemar y a picar. Lo que de costumbre, el único poder de una mujer. Se quitó la ropa… No es que ella fuera una dama. Era, sin embargo, un producto de su sociedad. Ya casi no podía pensar, entender. se lo impedía la humedad creciente entre sus piernas y la esclavitud del deseo físico. No en vano, una mujer siente el peso de la mirada de un hombre, le gusta que la deseen, y allí había varios hombres, todo un grupo. Y, hasta donde ella sabía, podían ver la humedad. Suspiró e intentó mantener la cabeza alta. Pensó en el deseo y en los errores que se cometían cuando afloraba. Había cometido muchos, cada uno peor que el anterior. El deseo era lo que acosaba a las mujeres, el obstáculo con el que tropezaban. Pensó: una mujer debe buscar tierras secas. Librarse del deseo de una vez. Pero de ahí no salía nada bueno, nada limpio. La sequedad se pegaba a tu alrededor y te volvía inútil, un objeto que acumula polvo. A los hombres no les gustaban las mujeres que buscaban tierras secas. Preferían a las que no las buscaban. Era una lógica deprimente, pero incontestable” (P,49, 50)    

De lo anterior resalto dos aspectos: el primero es que comúnmente se habla del deseo de los hombres como algo natural (de allí los chistes o las miradas de aprobación cuando dicen que se han acostado con una cantidad de mujeres o que han sido mujeriegos o cuando eran adolescentes tenían varias conquistas a la vez); por el contrario, el deseo de la mujer es visto desde el otro ángulo, esto es, lo que debe callar porque si no, y lo hace de igual manera que el hombre, será mal vista en la sociedad; dicho de otra manera, no estamos acostumbrados a escuchar lo que nos dice Kitamura sobre lo que siente una mujer en lo relacionado con su sexualidad “La esclavitud del deseo físico” o “El deseo era lo que acosaba a las mujeres”. Lo segundo, es que hay una paradoja entre el deseo de las mujeres, la percepción de los hombres y la sanción social. Voy a tratar de desenredar esto. Si la mujer no muestra su deseo sexual, lo que se denomina en la novela como tierra seca, será ignorada por los hombres; si la mujer demuestra su deseo, recibirá la sanción social en una sola palabra: PUTA. En la escena, la sanción se da por parte de las mujeres una vez dejan el recinto. Como nos lo dice la autora, ella es “un producto de su sociedad”.  

Continúo. Un hombre se le acerca, ella sonríe; dejó de hacerlo y sintió pánico cuando vio que la expresión del hombre cambió por hambre y odio hacia ella: “El pánico se extendió por su cuerpo y le hizo cambiar de opinión. Una mujer puede cambiar de opinión, se dijo. Una mujer puede estar húmeda entre las piernas y soltarse el vestido y, no obstante, tener derecho a cambiar de opinión. ¿O no? ¿No era eso lo que decían?”… (P,50, 51)

“El hombre se desabrochó los pantalones y la penetró, pero estaba húmeda, así que no fue una violación. Eso no le dio a él ni más placer ni menos placer, ni un placer distinto al que buscaba. Lo cual fue un punto para la chica. Sólo uno, pero quién estaba contando, te agarras a cualquier cosa cuando intentas mantener la cordura. La llamaba puta, zorra, cosas que ya había oído antes. Nada nuevo bajo el sol; nada que le pudiera decir o enseñar. Con ese idiota acometiendo. Como un perro, un cerdo o una rata. Y también rápido como un perro, y ya le tocaba al siguiente” (P,51,52) 

La escena es traumática y cruda; lo que percibo como lector es el poder que tiene el narrador y la manera en la que puede envolver la historia para dejarnos confundidos. Los hombres nunca recibieron una manifestación negativa de la mujer, no hubo resistencia, todo lo contrario siguió la lógica de la situación y de su deseo: bailó para ellos, sonrió cuando alguien comenzó a desnudarla, ella colaboró quitándose los zapatos y desnudandose voluntariamente. Ellos nunca se enteraron que ella (en su interior) se está dando cuenta que las cosas se salieron de control y está dudando, tal vez arrepintiéndose de lo que está pasando; no hubo coacción ni armas. La perspectiva de la escena comienza a joderme como lector.  

Trato de seguir atando cabos y haciéndome preguntas: ¿Los tipos son culpables por no preguntarle directamente si quería tener sexo con ellos? ¿Las esposas son cómplices de lo que sucedió en tanto ninguna increpó a su esposo para que no se quedara allí? ¿Por qué Carine no se detuvo o se negó? ¿Cómo identificar el límite de una acción cuando no es evidente que existe? ¿Se puede o no decir que el sexo fue consensuado? Y la pregunta del millón: ¿Qué habría hecho yo si fuera uno de los hombres o Carine o una de las esposas? 

Desde mi perspectiva Carine no es una santa; en un capítulo posterior, querrá endilgarle el hijo a Tom tratando de hacerle creer que él estaba muy borracho para recordarlo. Sin embargo, su posición resultó más confusa para mi: guardó silencio sobre lo ocurrido ¿Asumió su responsabilidad? ¿Tiene temor en denunciar? o por otro lado ¿En el mundo en el que se encuentra es posible denunciar?    Qué piensas ¿Fue violación? 

Es justo resaltar que la novela no se enfoca en esta situación particular, es apenas la mitad del libro y lo que viene después… desolador. La enfermedad del padre, la expropiación de las tierras y la rebelión de los nativos en contra del mundo colonial, mostrará cómo la historia que estaba siendo contada por los ganadores -los colonos- se convierte en la experiencia de cómo se van transformando en los perdedores.      

Katie Kitamura, En el bosque, Sexto Piso, Madrid, 2013, 161 páginas.

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1 Dato que nos sirve para ubicar temporalmente la historia en la primera mitad del siglo XX.

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