Los días de la Corona I

Hace días desde mi balcón decía en voz alta: ¡están felices sin nosotros! 

Debido al invierno llevaba mucho tiempo sin escuchar a los pájaros cantar; ahora que ha comenzado la primavera lo hacen sin ningún impedimento; además puedo ver a las ardillas y a los patos, por las calles, saltando de puntitas y dando pasos como si estuvieran bailando ballet, como si estuvieran felices, no solo por el cambio de estación sino porque los seres humanos estamos ausentes. Lo que sigue puede servir de ilustración.

Presenciar ese instante logró que me sobrepusiera por unos segundos al confinamiento, a la pandemia, e intentara escribir algo al respecto. 

Inevitablemente recordé algunos libros que si los releyera hoy, tendrían un sentido completamente diferente al que cada uno tuvo en el pasado: “Ensayo sobre la ceguera” “La balsa de piedra” “Diario del año de la peste” “El Decameron” “La peste” “La metamorfosis” “Diario de la guerra del cerdo”. Intento definirlos como la reflexión sobre un hecho que cambia completamente el sentido y la percepción que tenemos de lo que nos rodea. Como lector pensaba que podía imaginar las implicaciones de todo lo que sucedía en esas obras. Sin embargo, lo que pensé en ese entonces resulta, en el día de hoy, precario e insuficiente.

En la lectura que hice en aquellos días no me di cuenta que me había concentrado  tanto en el hecho que moviliza la trama, es decir, se quedaron ciegos, están matando a los ancianos, se convirtió en un animal, están rodeados por las ratas… que no me detuve a pensar en los cambios o en el estado psicológico de los personajes— que hoy somos nosotros— en relación a lo sucedido, en las batallas metafísicas que todos estaban enfrentando y lo que resulta de ello o lo que trato de comprender el día de hoy es que el acontecimiento que cambia esas vidas los somete a vivir un tiempo ajeno: el tiempo de la peste, el tiempo de la ceguera, el tiempo del insecto, el tiempo del virus; están ajenos al tiempo, es decir, a la forma de distribuirlo según sus propios gustos, sus propias rutinas, sus propias necesidades. Nosotros estamos confinados y de alguna manera en la misma situación y nos vamos dando cuenta que uno de los mayores temores que tenemos es que nos arrebaten el tiempo de nuevo. Primero nos lo arrebató la condición de ser mortales; ahora, el poco que tenemos, nos lo arrebata el virus y nos obliga a vivir confinados.

La lectura que haría, el día de hoy, de los libros que mencioné no se podría disociar del momento histórico que estamos viviendo. El manto de incertidumbre que aplastó el horizonte nos obliga a pensar y a resignificar el mundo, la manera en la que habitamos en él y en la que establecemos relaciones con otras personas. La carga moral se la impone cada uno de nosotros, porque en estos momentos nos estamos enfrentando a un proceso de duelo y cada cual afronta la pérdida según su educación, convicciones y creencias. Dicho de otra manera, es como si estuviéramos detenidos en el tiempo recordando a un ser querido que ya no está y añorando que todo vuelva a ser como antes, que vuelva a estar a nuestro lado, pero ese ser querido, que encarnaba el mundo, desapareció.

La metáfora que me regalaron los animales va más allá del cliché “disfrutar de las cosas simples de la vida” o “los humanos somos la plaga” tiene que ver con la conexión que existe entre vida y literatura como forma de pensar y entender el mundo; por otro lado, me arriesgo a pensar que esa metáfora está relacionada con las transformaciones que se están generando internamente en cada uno de nosotros (como si ahora fuéramos los personajes de esas novelas) y por ahora no podemos definirlos o imaginarlos y que solo cuando volvamos a salir a las calles y podamos dar el primer abrazo, vamos a comenzar a descubrirlos, a darnos cuenta de ellos. 

Nota: terminé de escribir este texto y me percaté que no he leído alguna novela escrita por una mujer en la que reflexione sobre una peste o algún hecho similar a los que describí líneas atrás. Por ahora solo tengo la referencia, pendiente de leer, de una novela corta de Katerine Ann Porter: “Pálido caballo, pálido jinete”. 

Me gustaría ampliar mi bibliografía de obras, con temáticas similares, escritas por mujeres ¿Alguna recomendación?

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