Los días de la Corona III

“El camino a la muerte es una larga marcha asediada por todos los males y el corazón falla poco a poco ante cada nuevo terror, los huesos se rebelan a cada paso, la mente establece su propia y enconada resistencia, ¿con que fin? Las barreras se desploman una a una y, por mucho que te tapes los ojos, no hay forma de ocultar el paisaje del desastre ni la vista de los crímenes cometidos en él”.

Katherine Anne Porter.

Pálido caballo, pálido jinete

Durante estos días de pandemia he estado buscando o releyendo literatura que evoque algo similar a lo que vivimos actualmente. En esta búsqueda me topé con la charla virtual “Plaga, peste, pandemia: lecturas de cuarentena – Por Claudia Montilla” en la que mencionaron esta novela breve. No solo tomé nota de la recomendación, sino que supe toda la historia del libro. Afortunadamente hace muchos años, gracias a la lectura de “Crónica de una muerte anunciada”, sobre la que escribí hace tiempo en este blog, dejaron de importarme los spoilers ya que en la novela escrita por García Márquez desde el principio sabemos el final, pero con esa lectura aprendí que en todo spoiler se escapa algún detalle. Por tanto, lo que cuento a continuación estará incompleto. 

Pálido caballo, pálido jinete, es una novela corta que primero se publica en 1938 y luego aparece en 1939 junto a otras dos historias. La primera se titula “Antiguas muertes” y está dividida en tres pequeñas partes. Primera parte: 1885-1902. Segunda parte: 1904. Tercera parte: 1912. La segunda historia se titula “Vino de mediodía”. Y la tercera, la que da nombre al libro.

Desde la primera página de Antiguas Muertes identificamos tres personajes fundamentales: la tía Amy, representada en una fotografía y las dos sobrinas: María de 12 y Miranda de ocho años “No habían vivido solamente los años que tenían, les parecía que sus recuerdos habían comenzado antes de que hubieran nacido, en las vidas de los adultos que las rodeaban, viejos demás de cuarenta años, la mayoría de los cuales se empeñaba en decir que ellos también habían sido jóvenes.” (p, 248). El papá se llama Harry, hermano de la tía Amy a quien consideraba su favorita. La atmósfera del campo y algunos comportamientos de los personajes evidencian un aire romántico, es decir, fecundo para la nostalgia, para evocar el pasado, para desempolvar objetos que traen significados profundos que trastocan el tiempo presente. 

La escritora va construyendo una historia familiar que en el fondo tiene que ver con algo imperceptible y es que todo lo que sucede en nuestras familias nos afecta, nos forma el carácter y construye parte de lo que seremos. En la novela, María y Miranda nunca conocieron a la Tía Amy, pero su fotografía y las historias que se cuentan de ella, aunque no es la intención directa, hacen parte de su educación. 

En esta primera parte hay un contraste muy interesante entre lo que se espera de una mujer y la manera en la que algunas se salen de ese molde, no porque lo hagan deliberadamente sino porque son diferentes. Por ejemplo, la prima Molly Parrington es una gran seductora, es felizmente viuda por segunda vez y posiblemente se vuelva a casar así esté rondando los 60 años; se tiñe el cabello, no es discreta, es una madre desnaturalizada. Eva, su hija de más de 40 años es una solterona, fea, tímida, sin barbilla, dientona, parece hambrienta, se viste con los vestidos viejos de su mamá, enseña latín en un colegio femenino, es activista a favor del voto femenino. ¿Qué se esperaba de una mujer? “Primero, una mujer bella debía ser alta; cualquiera que fuese el color de sus ojos, el cabello debía ser oscuro, cuanto más oscuro mejor, y la piel debía ser blanca y suave. La ligereza y la rapidez de movimientos eran puntos importantes. Una mujer bella debía ser buena bailarina y magnífica amazona, su actitud debía ser serena y su amable alegría debía estar moderada por la dignidad a todas horas. Y, por supuesto, dientes y manos hermosos, pero, por encima de todo, un misterioso halo de encanto que atraía y cautivaba los corazones. Resultaba tan emocionante como desalentador.” (p, 252). La última frase es un detalle de fina ironía de la escritora. 

Toda la primera parte de la novela, va a girar alrededor de la figura de la tía Amy, su prematura muerte por una hemorragia pulmonar, y el amor imposible con el tío Gabriel. Son primos y Amy no quiere casarse con él, pero por la presión social y la posibilidad de que Gabriel herede la fortuna de su padre, ella termina cediendo. 

El encuentro entre Harry, sus dos pequeñas hijas Maria y Miranda, con su primo segundo Gabriel va a ser trascendental porque es el momento en que ambas se preguntan sobre qué significa la verdad para los adultos. Dicho de otra manera, en la memoria de todos Gabriel es un joven apuesto, 1,88 de estatura, saludable, con buenas costumbres y un viajero incansable. El encuentro se da en una carrera de caballos en 1904 y el tío apenas puede subir los escalones, es un hombre gordo, pobre, de ojos tristes y risa melancólica, por lo que ambas se preguntan si en realidad ese el tío del que tanto habían escuchado.  

En 1912 Miranda, con 18 años se fuga del convento del Niño Jesús en Nueva Orleans para casarse sin el consentimiento de su padre; de ello nos enteramos el día que se encuentra con la prima Eva para asistir al entierro del tío Gabriel. Allí se reencuentra con su padre que todavía no la perdona por lo que hizo. ¿Con quién se casó? En este apartado no sabemos su nombre.

En la segunda historia, Vino de mediodía, transcurrida entre 1896-1905, Anne Porter nos desvía un poco de lo que viene contando. En esta breve historia, la escritora expone la vida de una familia en una pequeña granja del sur de Texas. Al igual que la obra anterior, el inicio está marcado por los niños, en este caso dos hombres: Herbert y Arthur. 

Su padre es el señor Thompson y su madre Ellie. Trabajan en su propia granja y viven con lo necesario. Es una familia donde la ley y el orden lo impone la figura paterna, no hay educación escolar. Todo cambia el día que llega un forastero Olaf Helton para pedir trabajo. Con ello, la escritora comienza a marcar una diferencia con la historia anterior. Es un mundo gobernado completamente por los hombres y esto es un trabajo magistral de la escritora que desde aquella época nos está diciendo, con la puesta en escena de estos personajes, que el género no limita las posibilidades para pensar e imaginar al otro. A pesar de las particularidades que podemos tener, las mujeres no están reducidas a hablar de “temas femeninos”.    

El señor Helton, es sueco ¿Por qué anda un sueco por estas tierras? Nadie lo sabe. La familia se va adaptando a la personalidad introvertida del forastero: come, trabaja con rigor y disciplina, tiene una pequeña colección de armónicas sobre las que toca la misma melodía en sus momentos libres. No habla de más; su comportamiento es ejemplar y a ello se suma que les está dando ganancias con la producción de mantequilla y por primera vez pueden comprar un refrigerador. 

El conflicto de esta breve historia se concreta con la aparición del Homer T Hatch, un caza recompensas que va a capturar al señor Helton. Logró encontrarlo después de mucho tiempo por una carta y un dinero que le envió a su madre a Dakota del Norte. Trata de explicarle al señor Thompson que el forastero escapó del manicomio y que la canción que ha escuchado durante nueve años, también la tocaba allí y es una canción para animar a beber. El señor Thompson no puede creer lo que le están contando ¿Qué hizo el señor Helton? Mató a su hermano con una horquilla cuando estaban moviendo el heno, se había vuelto loco por el calor y por eso no lo ejecutaron; decidieron enviarlo al manicomio. 

Finalmente, cuando el señor Hatch persigue al señor Helton y comienza a golpearlo, el señor Thompson lo golpea en la cabeza con un hacha y lo mata. Lo que sigue me lo guardo… pero está ¡buenísima! 

Miranda es la protagonista de la tercera historia. Trabaja en un periódico local en el que junto a su amiga Towney luego de cubrir una escandalosa fuga de amantes que no terminó en matrimonio y por petición de la madre e hija involucradas en el asunto suprimieron todo lo malo de la historia y que el periódico rival aprovechó y publicó, fueron castigadas a realizar un trabajo de “mujeres”, o sea cubrir noticias relacionadas con el teatro y con los ecos de la sociedad. El nombre de la protagonista nos permite conectarla con la primera historia y retomar un punto clave para entender todo el contexto sobre el que están sucediendo los hechos. En 1912 tenía 18 años; ahora tiene 24, así las cosas, se puede deducir que el año en el ella se encuentra es 1918. Año en que el mundo sufrió la pandemia de gripe en la que se estipula que murieron más de 40 millones de personas. 

Lo que apenas se va insinuando como un pequeño dolor de cabeza que sufre Miranda y su leve intuición de que algo va a sucederle, Anne Porter comienza a construir el contexto sobre el que se está gestando la pandemia: la Primera Guerra Mundial en donde participa Adam Barclay, su novio. Un hombre fuerte, joven, apuesto, que piensa que si no fuera a la guerra no podría mirarse a sí mismo, por lo que estamos ante un ambiente propicio para lo heroico y lo trágico. Adam está perdidamente enamorado de ella y de su belleza. El contexto en el que están no les permite pasar mucho tiempo juntos porque en cualquier momento lo pueden llamar para que regrese al campamento. Así, el tiempo que pasan juntos es más intenso. El amor que viven se convierte en algo completamente idealizado porque además de la brevedad del tiempo, no tienen espacio para besarse o hacer el amor; están en un momento en el que la presencia del uno frente al otro, poder conversar o simplemente estar, es la manifestación plena del amor. 

La historia tendrá un gran quiebre en el momento en que se fusiona la guerra y la enfermedad. Miranda cae enferma y sabemos que es grave porque cuando la señorita Hobbe, la dueña de la casa en donde alquila una habitación, se entera, cae presa del pánico y la quiere echar para evitar el contagio. Miranda se la pasa dormida. Adam trata de conseguir una ambulancia, pero no hay ninguna disponible, tal vez hasta la mañana siguiente; sale a la calle y le trae medicina, zumo de naranja, helado, café y un termómetro; la pandemia ha estallado “Todos los teatros y casi todas las tiendas y restaurantes están cerrados y las calles han estado atestadas de cortejos fúnebres todo el día y de ambulancias toda la noche” (p, 428). Pronto Adam tiene que regresar a combatir en contra de los alemanes. Mientras la cuida, enciende la chimenea e intenta hablar con ella; el amor se transforma en un recuerdo, en lo que hicieron porque el presente es desolador y el futuro no augura nada bueno. Miranda está somnolienta por la medicina y la enfermedad, Adam se acuesta a su lado, la abraza, le dice que la quiere, va a besarla, pero desiste. Se quedan dormidos. En la mañana se despiertan y él debe salir a comprar hielo y café caliente para darle a ella. La ambulancia llega y se la lleva. Nunca más se volverá a ver con Adam. 

Los síntomas de la gripe de 1918 era fiebre elevada, dolor de oídos, cansancio físico, diarrea, vómito. Nada de esto se especifica en la novela. Anne Porter va a reunir todos estos síntomas y los va a traducir en el lenguaje de los sueños. Dicho de otra manera, Miranda tendrá pesadillas a lo largo de toda su enfermedad y en la vigilia comenzará a reflexionar sobre todo lo que la rodea. Logra sobrevivir. Una vez está convaleciente le entregan todas las cartas que tiene sin leer. En una de ellas, un amigo de Adam Barclay, le dice que su novio murió en el Hospital de la campaña de gripe. Aunque sea cruel, sabemos la verdad. Si Adam murió en el hospital quiere decir que no alcanzó a ir al combate, o sea que llegó contagiado. ¿Con quién habrá compartido la noche anterior?

Las preguntas que podrían hacerme las personas que quieran leerla ¿Las tres historias se relacionan? Si ¿Es necesario leer las tres historias? No. 

Las tres historias son fascinantes. En la primera se profundiza en el conflicto existencial y social que representa para una mujer luchar por sus derechos y por ser quien es. En la segunda, hay una complejidad psicológica en el comportamiento de los hombres que la escritora se arriesga en indagar. Finalmente, en la tercera hay una exploración de los hechos históricos desde la perspectiva del amor, que por el momento que vivimos actualmente nos increpa a reflexionar sobre la manera en la que vivimos y a preguntarnos ¿Saldremos de esta pandemia? Si lo logramos ¿Qué queremos ser después de esta pandemia? 

Katherine Anne Porter nació el 15 de mayo de 1890 y murió el 18 de septiembre de 1980. Hoy quise recordarla con este escrito. 

Nota. En la entrada anterior conté una pequeña tragedia. Tuvo un final feliz, el banco devolvió el dinero 

Katherine Anne Porter. Cuentos completos. DeBolsillo, España, 2009, 711 páginas. 

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